Viajes

Qué visitar en Costa Azul

Identificación

Costa Azul: Lujo y belleza junto al Mediterráneo

Qué ver en la Costa Azul

Qué visitar en Costa Azul En esta sección, se enumeran las poblaciones de la Costa Azul más atrayentes desde el punto de vista turístico.

  • Antibes

Esta localidad histórica constituye un destino turístico ideal en cualquier época del año. Además de albergar los mejores mercados de productos frescos de la Costa Azul, Antibes también puede presumir de algunos atractivos de gran interés. Entre sus alicientes, se cuentan Port Vauban (el mayor puerto deportivo de Europa, con amarres para unas 2.000 embarcaciones), la Porte Marine (durante años, la única entrada a la ciudad desde el puerto), la playa de la Gravette, el Mercado Provenzal y el Museo Arqueológico. En el casco antiguo (el Vieil Antibes), destacan la iglesia de la Inmaculada Concepción (que entre el siglo V y el año 1236 ostentó el estatus de catedral) y el Museo Picasso, que abre sus puertas en el bello castillo Grimaldi, primorosamente restaurado.

  • Cannes

Si por algo es conocida Cannes —obviando su mundialmente famoso festival de cine— es por los lujosos hoteles, joyerías y tiendas de lujo que jalonan el paseo marítimo (La Croisette). Pese a ser el feudo por excelencia de la jet set, resulta casi obligado callejear por esta selecta población. Entre sus edificios más destacados, cabe referirse al Palacio de Festivales, la librería Cannes English Bookshop, los Allées de la Liberté —salpicados de quioscos, mercados y pistas de petanca—, el animado mercado Forville, la coqueta zona de Le Suquet, la iglesia de Notre-Dame de l’Espérance o el Museo de la Castre, poseedor de una interesante colección etnográfica donada en 1877.

  • Grasse

Esta población, cuyo desarrollo está estrechamente ligado a la industria de la perfumería, tiene como baza principal su casco histórico. Sus mayores activos son el Palacio de Congresos, la catedral de Notre-Dame-du-Puy, el nuevo Museo Internacional de la Perfumería y la Ville Musée Fragonard, casa familiar del prestigioso pintor galo.

  • Menton

Muy apreciada por su clima mediterráneo y su exótica vegetación, es sin duda la más italiana de las localidades que motean la Costa Azul. Además de su casco antiguo (con construcciones como la Puerta de Saint-Julien, la basílica de San Miquel Arcángel o la recargada capilla de los Penitentes Blancos) y sus jardines (como los de Biovès y Val Rahmeh), también merece la pena conocer su Casino junto al mar (construido en los años treinta del siglo pasado) o la Salle des Mariages, en el Ayuntamiento. Si es posible, también se recomienda dedicar un tiempo al cementerio del Viejo Castillo y al bulevar de Garavan.

  • Mónaco

Este diminuto principado de 2 km2 y menos de 31.000 habitantes —en Europa, sólo el Vaticano es más pequeño— es una oda al lujo, la ostentación y la diversión. Sin embargo, su enorme densidad de población le ha pasado factura: en las últimas décadas, los rascacielos se han adueñado de su skyline, borrando las huellas de la añorada Belle Époque. Sea como fuere, lo cierto es que este singular estado merece ser descubierto. Un buen lugar para empezar a recorrerlo es la Place d’Armes, en la que se despliega un mercado. Tomando la avenida de Porte Neuve y ascendiendo por la Rocher, se llega a Monaco-Ville, donde diversas calles desembocan en el Palacio Real. Siguiendo por la avenida des Pins se accede a la Chocolaterie de Monaco y a la capilla de la Misericordia, con interesantes esculturas de mármol. Otros lugares que no hay que dejar de ver son la Catedral, la capilla de la Visitación, la iglesia de Sainte-Devote (dedicada a la patrona de Mónaco), el legendario Casino de Montecarlo y Port Hercule (el puerto natural de aguas profundas del principado). Entre sus propuestas culturales, se cuentan el Museo Nacional de Muñecas y Autómatas y el Museo Oceanográfico.

  • Niza

Resulta imposible poner en tela de juicio la belleza de esta maravillosa ciudad, de intenso pasado romano y capital de la Riviera francesa. A su privilegiada situación, a caballo entre la Costa Azul y la Provenza (se halla entre Cannes y Mónaco), se suman un clima privilegiado (con temperaturas suaves tanto en invierno como en verano) y una elegancia sin igual. Entre los lugares que no hay que dejarse en el tintero, además del bullicioso Promenade des Anglais (paseo de los Ingleses), se cuentan el trazado de la ciudad vieja (Vieux Nice). Un magnífico punto de partida para cualquier itinerario es la Fontaine du Soleil, en la Place Masséna. No muy lejos de allí, se alzan el Hotel Beau Rivage (en el que se alojaron Nietzsche, Chéjov y Mattisse), el Hôtel de Ville (el Ayuntamiento, un edificio neoclásico de 1730) o el edificio de la Ópera de Niza (1855). Desde la plaza de Pierre Gautier se alcanzan el Palacio de la Prefectura (una sede gubernamental del siglo XVII que albergó la residencia de los duques de Saboya), la iglesia de Sante-Rita, la catedral de Sante-Réparate (la mayor construcción religiosa del casco antiguo) y la capilla de la Misericordia (erigida en 1770 por Bernardo Vittone). Otros monumentos de interés de Niza son la basílica de Notre-Dame, construida entre 1864 y 1868 (es la mayor iglesia de la ciudad y su primer edificio religioso moderno); la capilla de la Sainte-Trinité (templo neoclásico de 1824), el Palacio Lascaris, la colina del Castillo (donde aún son visibles los vestigios de la antigua ciudad), la iglesia de Saint-Jacques-le-Majeur o de Gesú, el monasterio de Saint-François de Cimiez (siglo XVI) y las ruinas de la ciudad romana de Cemenelum. Por lo que respecta a la nómina de museos, se aconseja acercarse hasta el Museo Arqueológico de Niza, el Museo de Bellas Artes y el Museo Matisse. Finalmente, para disfrutar de las mejores vistas de Niza, nada mejor que subir hasta la Torre Bellanda.

  • Saint-Tropez

Sinónimo de derroche, glamour y ostentación, la localidad de Saint-Tropez aúna con acierto el encanto de un antiguo puerto pesquero con su condición de centro turístico para millonarios. En 1956, el estreno de la película Y Dios creó a la mujer, de Roger Vadim, no sólo encumbró a Brigitte Bardot, sino que ayudó a transformar esta población costera en un centro de veraneo de primer orden. Entre sus mayores reclamos, se cuentan el precioso Vieux Port, repleto de casas restauradas tras la Segunda Guerra Mundial; la Maison des Papillons (un museo que reúne 4.000 especies de mariposas), la estatua de Bailli de Suffren (1866), realizada con bronce procedente de armas confiscadas a la Royal Navy; el Hotel de Ville (el Ayuntamiento), la iglesia parroquial, la ciudadela y la Place des Lices, sin olvidar las hermosas playas locales. No muy lejos de allí, se accede al Massif des Maures, una pintoresca zona montañosa de gran belleza natural.

  • Vence

Rodeado de una muralla y una larga hilera de edificios, el casco antiguo de esta población de aire medieval constituye un auténtico regalo para cualquier viajero. Comenzando la visita en Place du Grand-Jardin, donde los martes y los domingos por la mañana tiene lugar un mercado agrícola, se llega fácilmente a una de las puertas de la muralla: Porte du Peyra, aneja a una torre fortificada del siglo XII. No muy lejos de allí, se alza la catedral (siglos XII-XV), construida sobre una antigua iglesia merovingia. Desde ese punto, conviene dejarse caer por la Porte du Pontis, un pasaje abovedado que permite alcanzar la avenida de Marcelin Laurel. Otro acceso interesante y bien conservado es la Porte du Signadour (siglo XIII). Para redondear la visita, es obligado conocer el Auberge des Seigneurs, una hospedería histórica, y el castillo de Villeneuve.
Footer Thawte