
En Logitravel.com disponemos de hoteles en Zaragoza con las mejores ofertas on-line disponibles, para que puedas reservar tu habitación al mejor precio. Encontrarás los mejores precios de hoteles baratos en Zaragoza, con 76 hoteles, aparthoteles y hostales que podrás reservar con nuestro buscador de hoteles.
Con nuestra guía y nuestro buscador de hoteles de Zaragoza, encontrarás toda la información que necesitas para visitar los lugares de interés más importantes : Plaza España, Foro Romano, Catedral del Salvador, Basílica de Nuestra Señora del Pilar, La Misericordia, Parque Primo de Rivera, La Romareda, Feria de Zaragoza , así como las zonas más populares : Centro, Ciudad... Reserva ya los mejores Hoteles baratos en Zaragoza al mejor precio.
Hablar de Zaragoza, capital de Aragón, no sólo implica referirse a la quinta ciudad más poblada de España (ya supera los 700.000 habitantes), o a una majestuosa basílica reflejada en las plácidas aguas del Ebro, y en cuyas entrañas se oculta la venerada imagen de la Virgen del Pilar. Lejos de la frialdad de las cifras o de haber sido durante siglos un importante centro espiritual —según la tradición cristiana, fue allí donde se produjo la primera aparición mariana de la historia—, esta animada urbe es también un polo de atracción turística y cultural de primera magnitud.
Y es que, aunque eclipsado por la incontestable belleza del edificio ya mencionado, Zaragoza puede jactarse de un vastísimo legado arquitectónico, producto de más de dos milenios preñados de historia. Aún hoy, recorriendo sus calles de su casco antiguo, las piedras susurran al recién llegado un viaje apasionante que arranca en la prehistoria y en el que romanos, árabes y cristianos han deslizado su impronta.
Este fascinante periplo por el pasado de Zaragoza se inicia de la mano de uno de los pueblos íberos que ocupaban la península (los sedetanos), y que tiene continuación en las crónicas de Plinio, quien en el siglo I a.C. se refería a este asentamiento primigenio como Salduei o Saldaba. No obstante, la verdadera eclosión de la ciudad llegaría en el año 23 o 24 a.C. de la mano del emperador Octavio Augusto, quien confió a sus tres mejores legiones (IV Macedónica, VI Victrix y X Gémina) la fundación de una nueva provincia romana o conventus que sería bautizada como Caesaragusta. En el 452 d.C., y tras décadas de gran agitación social y política, el lugar cayó en manos de los suevos y, poco después, de los visigodos, quienes lo anexionaron al reino de Tolosa en el 466. Ocupada por Muza ibn Nusayr en el 714, fue denominada por los musulmanes como Sarakusta Albaida (o lo que es lo mismo: "la Blanca"). Tras convertirse en la capital de un reino de taifas en 1031, Alfonso I el Batallador la anexionó al reino de Aragón en 1118, convirtiéndola en la capital del mismo en 1136. Después de alcanzar una innegable pujanza durante el medioevo —que se prolongó a comienzos de la Edad Moderna, como evidencian algunos edificios renacentistas de impecable factura—, cayó en declive. En 1706, Felipe V la incluyó en el decreto de Nueva Planta y abolió sus fueros, que se recuperaron rápidamente en 1710. Consagrada como símbolo de la resistencia contra los franceses durante la guerra de la Independencia —en 1808 y 1809 fue escenario de heroicos episodios—, Zaragoza estaba llamada a albergar también parte del legado pictórico de uno de los pintores aragoneses y españoles más universales: Francisco de Goya. Ya en épocas recientes, la Exposición Internacional del 2008, dedicada al agua, certificó la capacidad de la ciudad para proyectarse más allá de las propias fronteras.
A la hora de apuntar sus condiciones climáticas, su ubicación en la depresión del Ebro trae consigo un clima continental semidesértico, marcado por un índice de lluvias más bien escaso (las precipitaciones suelen concentrarse en la primavera). Sus temperaturas pueden alcanzar valores extremos: muy fríos durante el invierno y extremadamente calurosos en verano. Asimismo, durante la temporada invernal y los primeros compases de la primavera, el cierzo sopla con frecuencia en la provincia.
Su poder de atracción como centro turístico, así como su condición de cuarta ciudad española por lo que se refiere a su actividad económica, explica por qué sus infraestructuras de transportes hacen tan sencillo viajar a Zaragoza. De hecho, su estratégica situación a medio camino entre Barcelona y Madrid (le separan unos 300 km de ambas) motiva que muchas líneas de autocar conecten la capital aragonesa con un gran número de ciudades españolas y europeas. Éstos llegan a la Estación Central de Autobuses, ubicada en el número 80 de la avenida de Navarra.
Sin embargo, si el viajero opta por el vehículo privado, podrá acceder fácilmente a Zaragoza desde Barcelona, Madrid, Bilbao, Huesca, Teruel o Valencia mediante autovías y autopistas. Asimismo, resiguiendo la llamada autovía Mudéjar (A-23), se llega hasta las proximidades de Francia.
En cuanto al tren, Zaragoza cuenta desde el 2003 con la línea de alta velocidad (AVE) Madrid-Zaragoza-Lleida, que comunica la ciudad con la capital de España en apenas una hora y media. En el 2008, entró en funcionamiento la extensión hasta Barcelona y, además, se puso en marcha el primer servicio de cercanías de la provincia.
En cualquier caso, si se desea reservar vuelos a Zaragoza, no hay que olvidar que la ciudad también dispone de aeropuerto. Éste se amplió con una nueva terminal en el 2008, con motivo de la Exposición Internacional. En la actualidad, operan cuatro aerolíneas (dos nacionales y dos extranjeras), que conectan permanentemente con nueve destinos internacionales (Londres, París, Bruselas, Dusseldorf, Milán, Bolonia, Roma, Cluj-Napoca y Bucarest) y seis nacionales (Alicante, Palma de Mallorca, Santiago de Compostela, Sevilla, Tenerife y Lanzarote). En verano, también se operan vuelos regulares a Menorca, Gran Canaria, Fuerteventura, Ibiza y Menorca.
Finalmente, a la hora de buscar hoteles en Zaragoza, el viajero no tendrá ningún problema, dado que la ciudad cuenta con un extenso abanico de hoteles, pensiones, hostales y apartamentos adaptados a todos los presupuestos. Sin ir más lejos, es posible disfrutar de una noche de hotel a partir de poco más de 20 euros, aproximadamente.
Por todas estas facilidades, unidas a sus incontables tesoros arquitectónicos y su atractiva gastronomía (con los vinos de la provincia a la cabeza), la capital aragonesa se convierte en un destino obligado para quien quiera disfrutar de una completísima oferta cultural y de ocio junto a la impresionante estampa del Ebro.
A continuación, se detallan los lugares de visita indispensables para todos aquellos que se acerquen hasta la capital aragonesa.
Si por algo se caracterizan los fogones aragoneses es por una cocina sencilla y sin pretensiones, que ha recibido influencias de áreas como Navarra o La Rioja.
Concretamente, y en un terreno mucho más pragmático, Zaragoza es conocida sobre todo por el popular chilindrón, una salsa a base de tomate y pimiento que suele acompañar carnes como la de pollo. Asimismo, la capital maña también cuenta con otros buques insignia, como los huevos al samorrejo (que no salmorejo) o el bacalao al ajoarriero, una fórmula también muy apreciada por los navarros.Si por algo se caracterizan los fogones aragoneses es por una cocina sencilla y sin pretensiones, que ha recibido influencias de áreas como Navarra o La Rioja. Si por algo se caracterizan los fogones aragoneses es por una cocina sencilla y sin pretensiones, que ha recibido influencias de áreas como Navarra o La Rioja.
En cualquier caso, la cocina zaragozana también se caracteriza por su innegable apego a la carne de cordero. Ésta admite múltiples formas de preparación, ya sea en forma de caldereta o bien recurriendo a la deliciosa menestra de cordero a la pastora, preparada en cazuela de barro. No obstante, el recetario local también hace un hueco a otros tipos de carne, como refleja el ternasco al horno. En el caso del cerdo, no hay que perder de vista las ricas magras de jamón con tomate, el lomo de cerdo a la zaragozana (rebozado con harina y guisado en una cazuela a fuego fuerte) o la inconfundible morcilla de Aragón.
A la hora del postre, el muestrario no es menos generoso: en efecto, el visitante tendrá la opción de disfrutar de las tartas de Daroca, los bizcochos de Calatayud (o Alhama de Aragón), las frutas de Aragón (confitadas y envueltas en chocolate), los melocotones al vino, las tripas de monja, los roscos de Vástago y Nonaspe, las yemas de Sábada y los crespillos o la hoja del cogollo de la borraja —sí, sí, es una verdura— rebozada y recubierta de azúcar. Y por supuesto, sería imposible no referirse a los célebres adoquines. Esto es, caramelos rectangulares de gran tamaño que llevan como envoltorio la imagen de la Pilarica.
Por lo que atañe a los vinos, Zaragoza es una de las principales provincia vinícolas de España. A pesar de que sus caldos carecen del reconocimiento del que gozan los de otras zonas de España, lo cierto es que se trata de unos vinos muy digestivos. Buena muestra de ello son los de Cariñena. En el caso de los tintos, éstos deben criar por lo menos dos años y pasar un mínimo de seis meses en barricas de roble. Son perfectos para acompañar carnes rojas y de caza, así como asados. Los rosados brindan un buen maridaje con el arroz y la pasta, mientras que los blancos (o pajarillas) combinan bien con pescados en salsa y los platos a base de verdura. Finalmente, los rancios y dulces son muy indicados para los postres.
Por otro lado, los vinos Campo de Borja —criados en envases de roble durante un período mínimo de dos años— son ligeros, jóvenes y de graduación moderada. Los tintos son la opción ideal para degustar quesos curados y platos de carne consistentes. A su vez, los rosados van bien con las carnes más ligeras y los pescados azules con salsa. Finalmente, los vinos de Valdejalón y Calataluyd son de menor graduación, frescos y afrutados, aunque no pueden competir con los anteriores ni en sabor ni en prestigio.
Concretamente, y en un terreno mucho más pragmático, Zaragoza es conocida sobre todo por el popular chilindrón, una salsa a base de tomate y pimiento que suele acompañar carnes como la de pollo. Asimismo, la capital maña también cuenta con otros buques insignia, como los huevos al samorrejo (que no salmorejo) o el bacalao al ajoarriero, una fórmula también muy apreciada por los navarros.
En cualquier caso, la cocina zaragozana también se caracteriza por su innegable apego a la carne de cordero. Ésta admite múltiples formas de preparación, ya sea en forma de caldereta o bien recurriendo a la deliciosa menestra de cordero a la pastora, preparada en cazuela de barro. No obstante, el recetario local también hace un hueco a otros tipos de carne, como refleja el ternasco al horno. En el caso del cerdo, no hay que perder de vista las ricas magras de jamón con tomate, el lomo de cerdo a la zaragozana (rebozado con harina y guisado en una cazuela a fuego fuerte) o la inconfundible morcilla de Aragón.
A la hora del postre, el muestrario no es menos generoso: en efecto, el visitante tendrá la opción de disfrutar de las tartas de Daroca, los bizcochos de Calatayud (o Alhama de Aragón), las frutas de Aragón (confitadas y envueltas en chocolate), los melocotones al vino, las tripas de monja, los roscos de Vástago y Nonaspe, las yemas de Sábada y los crespillos o la hoja del cogollo de la borraja —sí, sí, es una verdura— rebozada y recubierta de azúcar. Y por supuesto, sería imposible no referirse a los célebres adoquines. Esto es, caramelos rectangulares de gran tamaño que llevan como envoltorio la imagen de la Pilarica.
Por lo que atañe a los vinos, Zaragoza es una de las principales provincia vinícolas de España. A pesar de que sus caldos carecen del reconocimiento del que gozan los de otras zonas de España, lo cierto es que se trata de unos vinos muy digestivos. Buena muestra de ello son los de Cariñena. En el caso de los tintos, éstos deben criar por lo menos dos años y pasar un mínimo de seis meses en barricas de roble. Son perfectos para acompañar carnes rojas y de caza, así como asados. Los rosados brindan un buen maridaje con el arroz y la pasta, mientras que los blancos (o pajarillas) combinan bien con pescados en salsa y los platos a base de verdura. Finalmente, los rancios y dulces son muy indicados para los postres.
Por otro lado, los vinos Campo de Borja —criados en envases de roble durante un período mínimo de dos años— son ligeros, jóvenes y de graduación moderada. Los tintos son la opción ideal para degustar quesos curados y platos de carne consistentes. A su vez, los rosados van bien con las carnes más ligeras y los pescados azules con salsa. Finalmente, los vinos de Valdejalón y Calataluyd son de menor graduación, frescos y afrutados, aunque no pueden competir con los anteriores ni en sabor ni en prestigio.
En cualquier caso, la cocina zaragozana también se caracteriza por su innegable apego a la carne de cordero. Ésta admite múltiples formas de preparación, ya sea en forma de caldereta o bien recurriendo a la deliciosa menestra de cordero a la pastora, preparada en cazuela de barro. No obstante, el recetario local también hace un hueco a otros tipos de carne, como refleja el ternasco al horno. En el caso del cerdo, no hay que perder de vista las ricas magras de jamón con tomate, el lomo de cerdo a la zaragozana (rebozado con harina y guisado en una cazuela a fuego fuerte) o la inconfundible morcilla de Aragón.<
A la hora del postre, el muestrario no es menos generoso: en efecto, el visitante tendrá la opción de disfrutar de las tartas de Daroca, los bizcochos de Calatayud (o Alhama de Aragón), las frutas de Aragón (confitadas y envueltas en chocolate), los melocotones al vino, las tripas de monja, los roscos de Vástago y Nonaspe, las yemas de Sábada y los crespillos o la hoja del cogollo de la borraja —sí, sí, es una verdura— rebozada y recubierta de azúcar. Y por supuesto, sería imposible no referirse a los célebres adoquines. Esto es, caramelos rectangulares de gran tamaño que llevan como envoltorio la imagen de la Pilarica.
Por lo que atañe a los vinos, Zaragoza es una de las principales provincia vinícolas de España. A pesar de que sus caldos carecen del reconocimiento del que gozan los de otras zonas de España, lo cierto es que se trata de unos vinos muy digestivos. Buena muestra de ello son los de Cariñena. En el caso de los tintos, éstos deben criar por lo menos dos años y pasar un mínimo de seis meses en barricas de roble. Son perfectos para acompañar carnes rojas y de caza, así como asados. Los rosados brindan un buen maridaje con el arroz y la pasta, mientras que los blancos (o pajarillas) combinan bien con pescados en salsa y los platos a base de verdura. Finalmente, los rancios y dulces son muy indicados para los postres.
Por otro lado, los vinos Campo de Borja —criados en envases de roble durante un período mínimo de dos años— son ligeros, jóvenes y de graduación moderada. Los tintos son la opción ideal para degustar quesos curados y platos de carne consistentes. A su vez, los rosados van bien con las carnes más ligeras y los pescados azules con salsa. Finalmente, los vinos de Valdejalón y Calataluyd son de menor graduación, frescos y afrutados, aunque no pueden competir con los anteriores ni en sabor ni en prestigio.
Tras conocer los principales reclamos arquitectónicos y gastronómicos, vale la pena conocer la capital aragonesa desde una perspectiva más lúdica.