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Guías de Viajes de Japón

Japón
Japón

Tradición y modernidad en el país del Sol Naciente

Introducción

Introducción

Ningún territorio puede jactarse de haber mantenido viva una cultura milenaria y, al mismo tiempo, haberse convertido en un referente mundial de vanguardismo y progreso,... con una única salvedad. Nos referimos, como no podía ser de otro modo, al fascinante Japón.

Su condición de archipiélago —el país está formado en la actualidad por 6.852 islas— y una estricta legislación —que decretó su aislamiento internacional entre 1639 y 1854— son dos factores que han contribuido decisivamente a preservar tradiciones y formas de vida hoy por hoy imposibles de encontrar en cualquier otra parte del globo. Un buen ejemplo de ello es el arraigo con el que todavía cuenta la religión nacional de Japón: el sintoísmo, basado en la veneración de los espíritus de la naturaleza o kami. Todo ello unido al culto de la figura del emperador como divinidad.

Sin embargo, el País del Sol Naciente (éste es el significado de este topónimo en la lengua nipona) no es sólo la herencia de 250 años viviendo de espaldas al mundo. En efecto, la llegada de las potencias occidentales a la zona a mediados y el inicio de la industrialización —a mediados del siglo XIX— marcó el inicio del un espectacular crecimiento económico que lo convirtió, pese a los efectos de su derrota en la Segunda Guerra Mundial, en la segunda potencia mundial (1968). Un privilegio que aún mantiene, aun cuando el país lleva casi dos décadas sumido en dificultades monetarias. Esta situación es extensiva al ámbito político: desde 2006, la nación ha tenido un total de seis primeros ministros.

Desde el punto de vista de la población (integrada por 127 millones de personas), Japón destaca por sus elevados índices de concentración demográfica, especialmente en las grandes ciudades (336 habitantes por km2 de media). En su capital, Tokio, en la que residen 13 millones de japoneses, esta cifra se eleva a 5.937. Las causas de este fenómeno residen no tanto en la climatología —excepto en las islas septentrionales y las más meridionales, impera un clima templado— como en la accidentada geografía del país, circunstancia que provoca que el 80% del territorio japonés no sea apto para el asentamiento humano.

El 97% del territorio nipón lo forman sus cuatro islas principales: Hokkaido, en el norte; Honshu, en el centro del país y la más extensa, y Kyushu y Shikoku, al sur. La zona más próxima al Ecuador, sin embargo, es el archipiélago de Okinawa, integrado por 65 islas subtropicales. Entre ellas, Honshu es sin duda la que ofrece mayores alicientes desde el punto de vista turístico. Unos polos de atracción que conviven con el magnetismo que sus formas de cultura popular (como el manga o el anime) ejercen en Occidente.

El único requisito para entrar en el país es disponer de un pasaporte en vigor. Si la estancia en Japón es inferior a 90 días y no responde a motivos laborales, no se requiere visado. Eso sí: a la llegada al país, todos los extranjeros mayores de 16 años sin cargo diplomático o que viajen sin invitación oficial pasan un control de huellas dactilares y son fotografiados a su llegada. Del mismo modo, tampoco es necesaria ninguna vacuna. Para más información, se recomienda contactar con la Embajada de Japón en España (C/ Serrano, 109, Madrid).

En cuanto a la divisa, la moneda del país es el yen (1.000 yenes = 8,9 euros).

En lo que se refiere a los vuelos a Japón, ninguna compañía aérea ofrece trayectos directos desde España. El viaje, que suele durar unas 15 horas en total, incluye por lo menos una escala (por regla general, en Ámsterdam, Frankfurt o París). El aeropuerto de destino más recurrente es el de Narita (Tokio), aunque el de Kansai (Osaka) también enlaza con las principales ciudades españolas. Otras instalaciones que albergan conexiones internacionales (aunque por regla general procedentes de Asia) son los de Sapporo (Hokkaido); Hiroshima, Nagoya, Niigata y Sendai (Honshu);  Fukuoka y Nagasaki (Kyushu), y Naha (Okinawa).

Finalmente, por lo que respecta a la búsqueda de hoteles en Japón, el país acoge múltiples modalidades de alojamiento: hoteles de lujo, de clase media, económicos o de negocios (bijinesu hoteru) —incluyendo los pintorescos hoteles cápsula—, pensiones, albergues, campings... Asimismo, el país cuenta con una amplia oferta de alojamiento tradicional, entre los que se engloban los ryokan u hospederías. Algunas de ellos son edificios de la época Edo (1603-1868), y presentan estructuras de madera, cristal y bambú, biombos de papel y suelos recubiertos con tatamis. Pese a que en el país hay registrados más de 80.000 ryokan, sólo unos 1.200 ofrecen un servicio similar a los hoteles occidentales.

Otros establecimientos destacables son los minshuku —casas de huéspedes regentadas por familias y con tarifas económicas (normalmente entre 4.000 y 10.000 por persona y noche—, los hoteles enclavados en un complejo de aguas termales (onsen) o los refugios públicos (kokumin-shukusha). Cuando éstos se hallan en la montaña, reciben el nombre de yamagoya. Por último, conviene reseñar que algunos templos —por ejemplo, el del monte Koya— admiten huéspedes.

 
Se recomienda contratar un seguro de viaje personal que cubra los gastos médicos, ya que la asistencia sanitaria a extranjeros no es gratuita y conlleva costes elevados.

La magia del Japón feudal

La magia del Japón feudal

A continuación, se detallan algunos de los principales puntos de atracción turística del país. Sin embargo, la riqueza cultural y paisajística del país ofrece otros muchos rincones que merecen ser descubiertos.

Hakone: Se trata de una ciudad balneario situada en la vieja ruta que unía Edo (hoy Tokio) y Kioto, en el centro de Honshu. Parque Nacional homónimo, en el que destaca el valle de Howakudani. También se le conoce como Valle del Infierno por la cantidad de fumarolas de azufre, ríos de agua termal y manantiales. Asimismo, se puede disfrutar de magníficas vista a los montes Komagatake y Fuji, cuyos 3.776 m lo convierten en la cima más elevada de todo el archipiélago japonés. A su vez, resulta obligado acercarse hasta el lago Ashi, por el que navegan reproducciones de embarcaciones antiguas.

Himeji: Al oeste de la isla de Honshu, sobre una colina, se alza el que quizás sea el castillo feudal más impresionante de los 12 que se conservan en Japón: el Himeji-jo (1609). Entre la población nipona, también es muy conocido como Shirasagi-jo (‘la garza blanca’), dado que el color blanco de sus paredes y la forma de los aleros de su tejado les evoca un pájaro a punto de echar a volar. Además del castillo, el recinto fortificado en el que se inscribe ofrece otros puntos de interés, como la Torre de la Vanidad (1597-1667) o su complejo sistema de puertas y pasadizos. En 1993, la UNESCO inscribió este enclave en la lista del Patrimonio Mundial.

Hiroshima: Por desgracia, el interés de Hiroshima no radica en su patrimonio arquitectónico, sino los siniestros acontecimientos acaecidos 6 de agosto de 1945, fecha en la que la ciudad fue víctima del primer ataque nuclear de la historia. El único edificio que sobrevivió a la hecatombe fue el Gembaku Domu o Pabellón de Fomento de la Industria, que se eleva muy cerca del lugar donde estalló la bomba. En 1996, la UNESCO lo incorporó a la Lista del Patrimonio de la Humanidad.

Kamakura: Situada en la zona central de Honshu, la ciudad de Kamakura ostentó la capitalidad del país entre 1185 y 1333. Producto de la importancia adquirida en el pasado, esta urbe alberga en la actualidad 19 templos sintoístas 65 santuarios budistas, que incluyen dos de los edificios zen más antiguos del país (entre ellos el de Hase-dera). Asimismo, la ciudad aglutina numerosas tiendas de artesanía. En primavera, los numerosos cerezos en flor que salpican sus calles se convierten en un reclamo de primer orden para el turismo nacional.

Kioto: Fundada en el año 794, esta antigua capital imperial fue durante siglos el principal centros político, económico y cultural del país. Sin embargo, durante el período Tokugawa (1603-1868) la urbe fue desplazada en importancia por Edo, la futura Tokio. Pese a todo, parte de su esplendor pasado aún cristaliza en algunos de sus numerosos edificios y monumentos. Entre ellos, cabrá reseñar el Castillo de Nijo, que albergó la residencia de los shogunes hasta la caída del feudalismo o bakufu (1868) y que descuella por su elegancia arquitectónica. Otras dos construcciones que bien valen una visita son el Kinkaku-ji (Pabellón de Oro) y el Ginkaku-ji (Pabellón de Plata), erigidos durante el período Muromachi (1336-1573) y declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO  en 1994. Lo mismo ocurrió con otra construcción emblemática de Kioto: el santuario de Kiyomizu-dera, originario del año 778 y erigido de nuevo en 1633. El abanico de lugares recomendados lo completan el templo To-ji —poseedor de la pagoda más elevada de Japón—, el santuario Fushimi y su avenida de puertas taoístas (torii), el santuario de Heian —rodeado por una superficie ajardinada de 30.000 m2— y el histórico distrito de Gion, el barrio de placer por antonomasia en tiempos del shougunato.

Miyajima: Esta preciosa isla se encuentra situada al oeste de Honshu, junto a las costas de Sanyo. Sin duda, su principal atractivo turístico reside un monumental torii de 16 m de altura y construido en el mar (1875), y que da fe que el visitante está pisando suelo sagrado. Es por ello que nadie puede dar a luz o morir en Miyajima. Asimismo, tampoco se permite la tala de árboles. Además del torii, la isla posee otros enclaves de interés, tales como la esbelta pagoda de cinco plantas (1407) que se eleva junto al Senjokaku (o Pabellón de los Mil Tatamis, construido en 1578); el santuario de Isukushima (593), el templo budista de Daisho-in o el monte Misen.

Nara: En el siglo VIII, esta ciudad se convirtió en la primera capital de Japón, dando nombre al período histórico que va del año 710 hasta el 784. Su principal atractivo reside en el templo Todai-ji —en el que se conserva la imagen del gran Buda Daibutsu—, el santuario sintoísta de Kasuga y el parque de los Ciervos Sagrados. Desde 1998, los monumentos históricos de la antigua Nara forman parte del Patrimonio de la Humanidad.

Nikko: Se trata de un complejo de santuarios y templos sito en la prefectura de Tochigi, en las montañas septentrionales de la isla de Honshu. Éste destaca por su cuidada decoración, a base de tallas policromadas que representan motivos zoomórficos y florales. En 1999, la UNESCO inscribió los templos de Nikko en la lista del Patrimonio Mundial.

Odawara: Esta localidad, a medio camino entre Tokio y Kioto, se ha ganado un puesto en los circuitos turísticos gracias a su espectacular Castillo, construcción que toma su nombre de esta ciudad. El edificio original se erigió con fines defensivos en 1495 —coincidiendo con la era Muromachi—, pero fue destruido durante el período Meiji (1868-1912). Su reconstrucción se llevó a cabo en 1960.

Osaka: Convertida en una potencia entre la década de los años 20 y 30, el apogeo de esta ciudad se inició con el período Edo, momento en que el daimyo Toyotami HIdeyoshi ordenó construir el célebre Castillo de Osaka (1586), su monumento más definitorio. Sin embargo, la urbe acoge otros muchos atractivos, tales como el Jardín Flotante —enclave que se puede admirar desde el impresionante mirador que corona el edificio Umeda Sky—; el templo de Shitenno-ji (originario del año 593); el Teatro Nacional de Bunraku (que da cabida a tradicionales representaciones de marionetas); el parque recreativo de Universal Studios y, finalmente, algunos museos de interés, tales como el de Cerámica Oriental, el de Historia de Osaka o el Nacional de Arte.

Sapporo: Situada en Hokkaido, la más septentrional de las cuatro grandes islas de Japón, destaca por su oferta cultural. Entre ella, cabe reseñar el Museo Ainu —dedicado a una de las minorías étnicas más famosas del norte del archipiélago—, su jardín botánico, el Museo y Jardín de la Cerveza y, sobre todo, la aldea histórica de Hokkaido. Este emplazamiento, situado 14 km al este de la ciudad, conmemora el asentamiento oficial de los primeros moradores de la isla, en la década de 1860. El recinto incluye 60 edificios restaurados de finales del siglo XIX, algunos de los cuales acogen exposiciones temáticas.

Shirakawa-go: Esta localidad llena de encanto —situada en la costa oeste de Honshu y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995— es famosa por sus casas tradicionales, que se inscriben dentro del llamado estilo Gassho-zukuri, único en todo el país. Asimismo, este pueblo ha logrado preservar unas formas de vida enmarcadas en la economía tradicional, que viene determinada por el medio rural en el que se inscriben.

Takayama: Este pequeño y aislado pueblo de montaña, sito en el centro de Honshu, debe su encanto a la excelente conservación de sus antiguas calles y casas de mercaderes, construidas durante el período Tokugawa. A lo largo de aquellos años la zona constituyó uno de los principales centros de provisión de madera para los shogunes, quienes mantuvieron la villa bajo su control directo. Como edificios princpales, cabe reseñar el Memorial Hirata (un comercio de velas y ungüentos), sus museos (de la Ciudad y Arqueológico) y el templo de Shoren-ji.

Tokio: Sita en la costa oeste de Honshu y con una población de 13 millones de habitantes, Tokio no es sólo la capital del país, sino su principal centro político, económico, financiero y cultural. En este sentido, el rango de atracciones que presenta la capital nipona es ingente, y abarca desde extensos jardines —sus calles aglutinan más de un centenar, como los de Hama Rikyo o los del Palacio Imperial— hasta notables templos —por ejemplo, el de Meiji-jingu o Senso-ji—, pasando por zonas imprescindibles, tales como el impactante barrio de Ginza. Para más información, se recomienda consultar la guía de Tokio disponible en esta misma web.

Tsumago: Situado en el valle de Kiso (Honshu central), este pueblo constituye un ejemplo viviente de la arquitectura samuráis. Destacan algunas hospederías frecuentadas en el pasado por esta prestigiosa clase social —como las llamadas Oyuka, Tsumago-honjin y Kaki-honjin. Del mismo modo, el pueblo posee un notable museo dedicado a la historia local. Y una curiosidad: está terminantemente prohibido circular por sus calles con vehículos a motor.

Yokohama: Esta ciudad, capital de la prefectura de Kanagawa, ha sido reconstruida en dos ocasiones: en 1923, a resultas de un terremoto, y en 1945, tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Entre sus puntos de interés, destacan sus bellos parques urbanos —como el de Yamashita y Hogeyama—, los jardines Sankei y una nutrida red de teatros.
 

La gastronomía japonesa: comer con los ojos

La gastronomía japonesa: comer con los ojos

Según un refrán nipón, la cocina francesa se come con la garganta; la china, con la lengua, y la japonesa, con los ojos. Esta cápsula de sabiduría popular resume como pocas palabras la extraordinaria importancia que adquiere la presentación de los platos en el ámbito de la cocina japonesa, tanta, si cabe, como la preparación de los alimentos. Por ello, no es extraño que el idioma japonés posea más de 30 palabras para referirse a la acción de cortar.

A diferencia de lo que es habitual en otros países asiáticos, el menú japonés tradicional consta de tres platos. El primero de ellos es un aperitivo, por lo general a base de pescado, camarones o gambas y nueces de ginko o castañas, al que le sigue un plato de sopa y el sashimi (o marisco crudo). Aunque en la cocina nipona conviven múltiples formas de preparación, los alimentos suelen prepararse al vapor, fritos, salteados, cocidos o gratinados, y a veces aderezados con alguna salsa. Finalmente, tras el plato principal, llega el postre. Éste se aleja del concepto que se tiene de él en Occidente, ya que lo más habitual es recurrir a una sopa de miso, un tazón de arroz blanco hervido, verduras en vinagre, té verde o frutas.

Pese a todo, el buque insignia de la tradición culinaria nipona no admite discusión, y no es otro que el pescado. La pasión de los japoneses por este alimento llega hasta el punto de que los buenos gourmets —como si de sommeliers se tratase— pueden identificar la procedencia y la edad de este producto con sólo catarlo.

Entre sus platos típicos, el recetario japonés ofrece numerosas especialidades que han traspasado las fronteras del archipiélago. Entre ellos, brilla con luz propia el sushi, los famosos enrollados de arroz con pescado crudo. Tampoco es despreciable la aceptación de la que gozan las brochetas de pollo (yakitori), la tempura (mariscos —o verdura— rebozados fritos), las setas shitake, el shashimi (pescado crudo troceado y aliñado con salsa de soja) o el teriyaki (pescado al gratén glaseado). No obstante, estas especialidades conviven con otras menos habituales para el público occidental, tales como el bara-zushi (sushi de arroz con tortilla en juliana), el satsumajiru (sopa de miso con vegetales), el kakeage (verduras en tempura), el sukiyaki (estofado de carne y verduras), el shira ae (ensalada de verduras con sésamo) o el udon suki (estofado con fideos udon).

En el apartado de postres, destaca el original helado obura (elaborado con frijoles) y el kakigori, un tradicional granizado recubierto de leche condensada o sirope de frutas. A su vez, en el capítulo de bebidas, el sake (vino de arroz) se erige como uno de los productos más representativos del país.

Los festivales en Japón: una cita con la tradición religiosa

Los festivales en Japón: una cita con la tradición religiosa

Por último, se detallan algunas de los festivales más populares del país, ordenadas siguiendo su fecha de celebración dentro del calendario occidental. Para obtener más información acerca de las fiestas que tienen lugar anualmente en la capital, se recomienda consultar la guía dedicada a Tokio.

Festival Toka Ebisu: El templo Imamiya de Osaka acoge los rezos de los fieles, que oran para que el año que se inicia sea próspero desde el punto de vista económico. Del 9 al 11 de enero.

Setsubun (Festival de las Semillas): Se trata de una celebración que tiene lugar en todo el país el 3 ó 4 de febrero. En los santuarios más importantes, se arrojan semillas de soja a la multitud para ahuyentar los malos espíritus.

Festival de los Faroles: El templo de Kasuga, en Nara, alberga el encendido de 3.000 faroles. La celebración tiene lugar los días 3 ó 4 de febrero.

Yuki-matsuri: En la primera quincena de febrero, la ciudad de Sapporo (al norte del país) acoge su tradicional Festival de Nieve, uno de las celebraciones invernales más importantes de Japón. En este evento, cuya primera edición se remonta a 1950, se exhiben varios centenares de esculturas de hielo. Los ámbitos que inspiran estas insólitas obras de arte suelen ser los principales de la arquitectura tradicional nipona, o bien los personajes de manga y anime más populares.

Omizu-tori: Días antes del inicio de la primavera, el templo Todai-ji de la ciudad de Nara (en el norte de Honshu) acoge uno de los festivales más antiguos de Japón: el Omizu-tori. Los orígenes de esta ceremonia budista (cuya traducción significa ‘fiesta del dibujo de agua’) se remontan al siglo VIII de nuestra era. El ritual tiene lugar en la última noche del período conocido como shuni-e (‘ceremonia del segundo mes’), momento en que los monjes extraen agua de uno de los pozos del monasterio. Según cuenta la leyenda, el aljibe permanece seco durante el resto del año, por lo que el agua que brota durante el Omizu-tori posee propiedades curativas. El líquido obtenido es ofrecido en primera instancia a la enorme estatua de Buda que se venera en el monasterio, y, a continuación, a los fieles que presencian el rito.

Festival del templo de Kasuga: El 13 de marzo, las vestales del santuario de Kasuga, en Nara, llevan a cabo una danza que cuenta con más de 1.100 años de antigüedad.

Hamamatsu-matsuri: Entre el 3 y el 5 de abril, Hamamatsu, en la prefectura de Shizuoka, acoge una espectacular exhibición de cometas.

Hana-matsuri: Cada 8 de abril, coincidiendo con el nacimiento de Buda, los fieles de todo el país se acercan al templo más próximo para verter un poco de té sobre alguna imagen de esta divinidad, como muestra de veneración.

Takayama-matsuri: Tiene lugar los días 14 y 15 de abril en el templo de Hie, en Takayama. Esta celebración da cabida a una espectacular procesión de carruajes decorados.

Yayoi-matsuri: El 16 y 17 de abril, las inmediaciones del templo Futara-san de Nikko (al norte de Honshu) se convierte en el escenario de un llamativo desfile de carrozas.

Día de la Constitución: Se celebra el 3 de mayo, y conmemora la entrada en vigor de la Carta Magna, que tuvo lugar en 1947.

Semana Dorada: Durante estos siete días, la actividad del país se paraliza, al tiempo que sus habitantes disfrutan de unos días de vacaciones. Va del 29 de abril al 5 de mayo.

Aoi-matsuri (Festival de la Malvarrosa): El 15 de mayo, los santuarios de Kamigamo y Shimogamo, en Kioto, organizan coloristas desfiles inspirados en antiguas procesiones imperiales.

Festival de Tosho-gu: Entre el 17 y 18 de mayo, las calles de la ciudad de Nikko, en la preferectura de Tochigi acogen un desifile secundado por mil personas ataviadas con la tradicional indumentaria de los samuráis.

Festival del Arroz: Hacia el 14 de junio, las niñas del sur de Osaka, que lucen para la ocasión los tradicionales vestidos de campesina, siembran arroz en los campos de cultivo cercanos al templo de Sumiyoshi. Mediante este ritual, se pretende obtener una cosecha fructífera.

Chagu-chagu Umakku (Festival Ecuestre): El día 15 de junio, Marioka (sita en la prefectura de Iwate) alberga un desfile de caballos. Éste finaliza en el templo de Hachiman.

Yamagasa-matsuri: Durante la primera quincena de julio, Fukuoka (sita en la isla de Kyushu), da cabida a un desfile de carrozas gigantes. Su recorrido comprende unos 5 km.

Tanabata-matsuri (Festival de la Estrella): Durante una semana (a contar desde el 7 de julio), la localidad de Tanabata (perteneciente a la prefectura de Kanagawa) alberga una pintoresca competición de objetos mecánicos. Asimismo, otra de las tradiciones ligadas a esta fiesta consiste en decorar cañas de bambú con tiras de papel en las que se incluyen algunos versos.

Nachi no Hi-matsuri: Hacia el 14 de julio, el templo de Nachi, en Nachi-Katsura (prefectura de Kanagawa), tiene lugar una espectacular ceremonia oficiada por monjes ataviados de blanco. En ella, se prenden 12 antorchas de grandes dimensiones.

Gion-matsuri: A lo largo de todo el mes de julio (y especialmente durante la tercera semana), el barrio de Gion (Kioto) da cabida al mayor festival de cuantos de se llevan a cabo en Japón. Asimismo, esta festividad destaca por su extraordinaria longevidad, ya que sus orígenes se remontan a los albores del siglo IX d.C. Su momento culminante tiene lugar el 17 de julio, fecha en la que se organiza un desfile de espectaculares carrozas (yamaboko).

Festival de Música de Kangensai: Entre mediados de julio y principios de agosto, Miyajima (prefectura de Hiroshima) alberga diversos espectáculos de música y danzas inspirados en los antiguos bailes de la corte. Éstos tienen lugar cerca del templo de Itsukushima y a bordo de barcas primorosamente decoradas.

Tenjin-matsuri: Del 24 al 25 de julio, el templo de Tenman-gu (en Osaka) organiza una procesión de barcos a lo largo del río Dojima, acompañados por el sonido de múltiples timbales.

Kanto-matsuri: En Akita, diversos participantes compiten sobre grandes postes bamboleantes, llevando faroles colgando de los hombros, la frente, la barbilla y la cadera. Se celebra del 4 al 7 de agosto.

Nebuta-matsuri: La localidad de Aomori, situada al norte de la isla de Honshu, alberga uno de los festivales de verano más conocidos del país, y al mismo tiempo uno de los más apreciados por los turistas. Sus orígenes se remontan al año 800, momento en el que el shogun Sakanoue no Tamuramaro ordenó fabricar unos guerreros flotantes con papel tintado (nebuta) para ahuyentar a sus enemigos. Para conmemorar esta gesta, la ciudad acoge coloridos desfiles y espectáculos de danza ejecutados por bailarines (haneto). Tiene lugar el 7 de agosto.

Sendai Tanabata: A finales de la primera semana de agosto, la ciudad de Sendai (prefectura de Miyagi) engalana sus calles con motivo de los numerosos desfiles y espectáculos de música y danza asociados a esta festividad.

Awa-Odori: En la localidad de Tokushima (Shikoku), se suceden los festivales de baile durante cuatro días. El motivo de esta celebración es recordar la construcción de un castillo en 1587. Los festejos suelen iniciarse hacia el 12 de agosto.

Hogueras de Daimon-ji: Sobre el 16 de agosto, la ciudad de Kioto acoge cinco grandes hogueras en las colinas que la rodean. Este ritual marca el final del Bon, festival budista que rinde culto a los espíritus de los ancestros que regresan al mundo.

Festival de Hachiman-gu: A mediados de septiembre, Kamakura se convierte en el escenario de desfiles de carrozas y de concursos de tiro con arco. Las pruebas se celebran cerca del santuario de Hachiman-gu, y constituyen un reclamo turístico de primer orden.

Kunchi-matsuri: En Nagasaki, un desfile de carrozas inunda las inmediaciones del templo de Suwa. Este rito, de inspiración china, tiene lugar entre el 7 y el 9 de octubre.

Festival de Nagoya: A mediados de octubre (y por regla general en fin de semana), Nagoya alberga magníficos desfiles en los que aparecen representados diversos personajes históricos.

On-matsuri: Tiene lugar en el templo de Kasuga, en Nara. Se trata de un desfile en el que participan ciudadanos vestidos como cortesanos y luchadores. Normalmente se organiza entre el 15 y el 18 de octubre.

Kurumi-matsuri (Festival del Fuego): En Kioto, el templo de Auki (Kurama) se ilumina con antorchas. Los niños adquieren una participación importante, ya que secundan un desfile ligado a esta celebración; suele celebrarse hacia el 22 de octubre.

Jidai-matsuri (Festival de las Edades): El 22 de octubre, el templo de Heian (Kioto) acoge recreaciones de los últimos 1.200 años de la historia de Japón. Los figurantes son ciudadanos ataviados con trajes de época.

Daimyo Gyoretsu: El 3 de noviembre, la ciudad balneario de Hakone recrea un desfile arraigado en la época Tokugawa. Esl escenario elegido es la carretera de Tokaido, que conectaba las localidades de Kioto y Edo (hoy Tokio).

Aniversario del emperador Akihito: Es el día 23 de diciembre. En pleno siglo XXI, y a causa del peso de la tradición, la institución imperial sigue siendo objeto de veneración para el pueblo japonés.

Okera Mairi: El 31 de diciembre, el templo de Yasaka (Kioto) acoge el encendido de un fuego sagrado. Las brasas son llevadas por los fieles a sus casas, y serán utilizadas para encender las hogueras que conmemorarán la llegada del nuevo año.

 

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