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Guía de viaje Águilas y Mazarrón

Identificación

Águilas y Mazarrón: Rincón privilegiado

Introducción

Introducción Águilas y Mazarrón En el extremo meridional de la costa murciana y al sur del Campo de Cartagena, las comarcas del Alto y Bajo Guadalentín exhiben orgullosas uno de sus tesoros más preciados: el incomparable golfo de Mazarrón. Arropado por hermosísimos macizos montañosos y por las cálidas aguas del Mediterráneo, este pequeño parnaso se convierte en un destino de excepción para los amantes de la naturaleza y el mar.

Este rincón privilegiado arranca en la cordillera costera penibética, que se separa ligeramente del litoral para formar dos hoyas o arcos montañosos que limitan las llanuras de Mazarrón y Águilas (junto a la provincia de Almería). Dos municipios mágicos, llenos de historia y repletos de atractivos naturales, arquitectónicos y culturales, que los convierten en una opción ideal para unas vacaciones. Prueba de ello es que su actividad tradicional, la minería, ha cedido el testigo al turismo, que cada año atrae a un buen número de visitantes ávidos de descubrir sus incontables alicientes.

Tanto en Águilas como en Mazarrón, el clima mediterráneo muestra su cara más amable, al tornarse especialmente cálido y seco, con registros anuales de entre 17º C y 18º C. Sus veranos, muy prolongados, registran temperaturas medias que superan los 25º C y en los que las lluvias son un fenómeno casi inexistente (por ejemplo, apenas se alcanzan los 207 mm al año en Águilas). En contrapartida, los inviernos son cortos y con valores medios que no bajan de los 10º C en enero. Todo esto se traduce en más de 300 días (o 3.000 horas) de sol anuales, lo que convierte a estos dos municipios en una apuesta ideal para disfrutar de las actividades náuticas y subacuáticas en cualquier estación.

Por ello, Águilas y Mazarrón cuentan con una oferta turística capaz de dar respuesta a quienes deseen disfrutar al máximo de las aguas del Mediterráneo, integrada por clubes náuticos y empresas dedicadas a la práctica de modalidades como el submarinismo, la vela ligera y otras disciplinas que tienen el mar como escenario. Por supuesto, estas facilidades se apoyan en una completísima variedad de alojamientos, adaptada a todas las preferencias y presupuestos: hoteles, hostales, apartamentos turísticos, campings...

No obstante, todas estas facilidades no deberían dejar en un segundo plano el rico pasado de Águilas y Mazarrón, cuyo magnífico legado aguarda ansioso a ser descubierto por la atenta mirada del viajero.

En el caso de Águilas —de la que se dice que fue fundada por el príncipe troyano Helios Urces—, esta población fue ocupada por civilizaciones como la argárica, la fenicia, la romana y la musulmana. A resultas de esta circunstancia, recibió diversos nombres (Urci, Aquilae y Aquila) hasta que en siglo XI el geógrafo árabe El Edirissi bautizó como Akila a la fortaleza que jalonaba el sistema defensivo de la comarca de Lorca. Rehecha en el siglo XVI por Felipe II, la antigua Akila recibió el nombre de San Juan de las Águilas, lugar que años después vertebraría el núcleo primigenio de Águilas. Aupada por las explotaciones mineras, la población llegaría a experimentar un notable crecimiento demográfico y económico, que hoy tiene continuidad de la mano del turismo acude al calor de sus 28 km de costa... y de sus 35 preciosas calas, muchas de ellas pequeñas y solitarias. En este apartado, destacan playas como las de Calarreona, Calabardina (poseedora de un arrecife artificial), Calacerrada, Arroz u Hornillo. Y por descontado, dos espacios naturales que cortan la respiración: el Parque Regional de Cabo Cope y Puntas de Calnegre y las Cuatro Calas.

En cuanto a Mazarrón, formado por dos núcleos urbanos principales —Mazarrón y Puerto de Mazarrón, a 5 km del anterior—, sus 35 km de franja litoral repartidos sobre una bahía constituyen su mejor tarjeta de presentación. Históricamente, su desarrollo se vio ligado a su papel como bastión defensivo de los territorios limítrofes de Lorca y Cartagena. Sin embargo, los romanos también supieron sacar partido de estos pagos, instalando en el actual Puerto de Mazarrón uno de los centros de salazón más importantes del Mediterráneo. Una actividad que daría paso a la extracción de plomo, zinc, plata, hierro, alumbre y almagre —en lugares como los cerros de los Perules y San Cristóbal— y, ya en el siglo XX, al turismo. Además de sus encantos naturales —como las sorprendentes erosiones de Bolnuevo—, Mazarrón cuenta con un buen número de playas (como la de Grúa o Parazuelos), y calas vírgenes (como cala Amarilla), capaces de cautivar al recién llegado y sumergirlo en una experiencia única.

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