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Guía de viaje Islas Griegas

Identificación

Islas Griegas: El tesoro del Mediterráneo

Introducción

Introducción Islas Griegas Acercarse a este sugerente destino es sinónimo de abandonarse al influjo de un abigarrado collage de culturas, tradiciones y maneras de entender la vida. En este sentido, no hay que obviar que el moderno estado griego apenas data del 1830, y que en él confluyen la esencia de los Balcanes, Próximo Oriente y el Mediterráneo.

Por descontado, el recién llegado tampoco está a punto a descubrir un territorio homogéneo. En efecto, la geografía griega está formada por miles de islas, con un paisaje y una historia tan diversos como fascinantes. Muchas de ellas son una invitación a la calma: de este rosario de territorios insulares, apenas un centenar están habitadas permanentemente, sin que esta circunstancia sea sinónimo de masificación (apenas reúnen el 10% de la población griega).

Atendiendo a sus dimensiones, hay islas de los tamaños: desde rocas deshabitadas hasta Creta y Eubea (o Evia), que son la primera y la segunda más extensas de Grecia. A grandes rasgos, los territorios insulares del país se distribuyen en seis archipiélagos: el Dodecaneso, las Espóradas, las islas del noreste del mar Egeo, las islas Jónicas, las Argosarónicas (o Sarónicas) y las Cícladas.

Por lo que respecta al primer grupo (cuyo nombre significa literalmente ’doce islas’), está formado por 15 islas situadas en el Egeo, entre las que se cuentan Kárpathos, Kos, Rodas (la de mayor tamaño) y Patmos. Dotadas de importantes infraestructuras turísticas, comparten ubicación geográfica con otras mucho menos frecuentadas, como Simi o Astipalea. Por su proximidad con Turquía, el Dodecaneso es el punto de partida perfecto para explorar la costa de Asia Menor.

Al este de Eubea y de la península de Pilio, se despliega el archipiélago de las Espóradas. Se trata de un grupo de 11 islas de las cuales sólo cuatro están habitadas: Alónisos, Skiros, Skiathos y Skópelos. Estas últimas son las que registran una mayor afluencia de turistas y las que disponen de un mayor abanico de servicios y facilidades. No obstante, las dos primeras constituyen una magnífica opción para quienes busquen unas vacaciones más tranquilas. Sea cual sea el destino final, el viajero se maravillará ante sus atractivos paisajes y el encanto de su arquitectura popular.

El noreste del Egeo engloba a su vez las islas situadas al norte del Dodecaneso y frente a las costas de Turquía. Ninguna cuenta con el nivel de desarrollo turístico de este último archipiélago o de las Cícladas, aunque su diversidad y sus múltiples reclamos bien valen una vista. Las tres islas principales, Kíos, Lesbos y Samos son autosuficientes, aunque las más pequeñas —como Ikaría, Foruni, Inouses o Psará— no pueden decir lo mismo.

Por su parte, el mar Jónico —que se despliega entre Grecia e Italia— baña las costas de las islas Jónicas o Eptánisa (‘Siete islas’). La razón es clara: además de Corfú (o Kérkira), Paxos, Cefalonia, Zante, Ítaca y Léucade, se acostumbra a incluir en este grupo a Kíthira, situada al sur del Peloponeso (Grecia continental). Aunque no están bien comunicadas entre sí, son fácilmente accesibles desde la península helena. Como curiosidad, baste apuntar que la pequeña Skorpiós, la célebre isla del multimillonario griego Aristóteles Onassis, forma parte de este archipiélago.

Las islas Argosarónicas, por su proximidad a la península de la Argólida, en el Peloponeso, son las más cercanas a Atenas, lo que las convierte en un destino ideal para quienes visitan la capital griega.

Por último, las Cícladas —situadas en el mar Egeo y al sur de la península griega— comprenden casi 20 islas, entre las que se cuentan algunas de las más visitadas de todo el país, como Míkonos, Santorini, Andros, Tínos, Naxos, Milos —mundialmente famosa por la Venus que hoy se exhibe en el Museo del Louvre— o Paros, muy conocida por sus canteras de mármol.

Al margen de sus particularidades demográficas, lo cierto es que la mayoría de los archipiélagos helenos desempeñaron un papel clave entre el colapso del Imperio bizantino y el nacimiento de la Grecia moderna. Así, Creta, las islas Jónicas y las Cícladas fueron ocupadas por los venecianos, quienes dejaron su impronta en la arquitectura local. Las islas del Egeo y el Dodecaneso fueron tomadas por los genoveses y los cruzados, mientras que las islas Argosarónicas fueron habitadas por los cristianos albaneses.

No cabe duda, pues, de que pobladores y conquistadores que han moldeado el estilo de vida isleño, hoy convertido en un extraordinario polo de atracción turística por sus paisajes llenos de contrastes, su vasto patrimonio monumental y la suavidad de su clima, que explican por qué las islas griegas llegaron a ser, en la noche de los tiempos, la tierra escogida por los dioses del Olimpo. Y, en el caso de Creta, el crisol de la civilización occidental.

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