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Guía de viaje Moscú

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Moscú: ¿Volamos hacia allí?

Vibrante ciudad

Introducción Moscú Capital del mayor país del mundo y punto neurálgico del comunismo en tiempos del Telón de Acero, Moscú sigue irradiando fascinación, solemnidad, secretismo y ese halo de orgullo que desde siempre ha acompañado al pueblo ruso. Hogar de 11,5 millones de habitantes y testigo de la grandeza de un poderosísimo imperio, la patria de los zares es hoy una atracción turística que bien vale la pena conocer. Para ello, nada mejor que burlar el que pudiera ser el gran enemigo del viajero: el frío. Dominada por un clima continental extremo, Moscú alcanza temperaturas medias en enero de –11 ºC, con mínimas absolutas de –42 ºC. Por ello, la época más recomendable para descubrir la principal ciudad de Rusia es el verano, cuando los termómetros presentan valores medios cercanos a los 20 ºC.

La historia de esta fascinante urbe se remonta 800 años atrás, cuando Moscú no pasaba de ser un pueblo de casas de madera dispuestas en torno a la residencia del príncipe, que evolucionaría hasta dar paso a la ciudadela del Kremlin. A finales del siglo XIV, la madera cedió el testigo al ladrillo y la piedra de la mano de Iván I, mientras que a finales del siglo XVI se alzó el área residencial de Bielogorod o Ciudad Blanca. Asimismo, en las inmediaciones de la ciudad empezaron a elevarse monasterios que aún hoy hipnotizan y atrapan al recién llegado por su belleza.

Ya en el siglo XVIII, el principado de Moscú ya controlaba un vasto imperio que se extendía desde la actual Polonia hasta el Pacífico, pero que parecía incapaz de subirse al tren del progreso y la modernidad. Aunque el régimen feudal fue abolido en 1861, las precarias condiciones de vida del campesinado fueron —junto a la derrota en la Primera Guerra Mundial y las hambrunas— el germen de un descontento popular insostenible, que en 1917 precipitó la caída del último zar, Nicolás II, y el estallido de la Revolución de Octubre. Este episodio culminaría con el nacimiento de la URSS en 1922, un Estado federal dirigida por el Partido Comunista que ocupó una extensión muy parecida a la del desaparecido imperio ruso. Liderado sucesivamente por Vladímir Lenin y Iósif Stalin, que sumergió al país un régimen de terror y persecuciones, Moscú se convirtió en el principal adversario ideológico de Washington tras el fin de la Segunda Guerra Mundial; son los años del mutismo, del espionaje y del control omnímodo del KGB. De una guerra fría que enfrentó a dos mundos y dos ideologías durante décadas. La situación se prolongaría hasta 1991, momento en el que se produjo la disolución de la URSS (Rusia alcanzaría la independencia un año después), si bien previamente el secretario general del PCUS, Mijail Gorvachov, ya había traído un cierto aperturismo de la mano de la Perestroika.

Los requisitos legales para entrar en Rusia son tener un pasaporte con una validez mínima de seis meses y solicitar un visado. Todos aquellos que lleguen a Rusia para una estancia temporal, deberán registrar su pasaporte ante la policía (UFMS) en un plazo de tres días laborables, contando desde el día de la llegada. También es obligatorio llevar siempre encima el pasaporte y el visado, puesto que pueden ser requeridos en cualquier momento por la policía rusa. En cuanto a las vacunas, no hay ninguna obligatoria.

La moneda oficial de Rusia es el rublo. Aproximadamente, 40 rublos equivalen a un euro (datos de septiembre del 2012). Actualmente, hay un buen número de compañías aéreas que operan vuelos a Moscú desde España, como Aeroflot, Iberia, Vueling (desde Barcelona, Palma de Mallorca e Ibiza), KLM Swiss Internacional Air Lines, Czech Airlines o Lufthansa, aunque muchas de ellas hacen escala en otros aeropuertos. A su vez, también existe la posibilidad de viajar en tren desde Bruselas, aunque esta opción implica un tedioso recorrido que toma un día y una noche. Además, a esto hay que añadir una larga espera en la frontera debido al cambio del ancho de vía férrea. La estación de llegada es la de Belorusski. Por supuesto, también está la opción de tomar un autocar desde la República Checa, Polonia, Hungría o Eslovaquia, aunque el viaje puede hacerse eterno y bastante incómodo.

A pesar de que la oferta de hoteles en Moscú ha mejorado en las últimas dos décadas, coincidiendo con la disolución de la URSS, lo cierto es que no siempre resulta fácil conseguir alojamiento, ya que la red hotelera continúa siendo un tanto escasa, especialmente por lo que respecta a los establecimientos de precio medio o bajo. No obstante, las agencias de viaje disponen de paquetes turísticos que contribuyen a rebajar sensiblemente el coste del viaje.

En cualquier caso, Moscú y sus cautivadores rincones reciben con los brazos abiertos al viajero, ávidos de sumergirlo en el embrujo de un pasado intenso y de un presente que nunca decepciona. Dobro Pozhalovat!

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