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Guía de viaje Zaragoza

Identificación

Zaragoza: A la ribera del río Ebro

Zaragoza, una ciudad rica en cultura

Introducción Zaragoza Hablar de Zaragoza, capital de Aragón, no sólo implica referirse a la quinta ciudad más poblada de España (ya supera los 700.000 habitantes), o a una majestuosa basílica reflejada en las plácidas aguas del Ebro, y en cuyas entrañas se oculta la venerada imagen de la Virgen del Pilar. Lejos de la frialdad de las cifras o de haber sido durante siglos un importante centro espiritual —según la tradición cristiana, fue allí donde se produjo la primera aparición mariana de la historia—, esta animada urbe es también un polo de atracción turística y cultural de primera magnitud.

Y es que, aunque eclipsado por la incontestable belleza del edificio ya mencionado, Zaragoza puede jactarse de un vastísimo legado arquitectónico, producto de más de dos milenios preñados de historia. Aún hoy, recorriendo sus calles de su casco antiguo, las piedras susurran al recién llegado un viaje apasionante que arranca en la prehistoria y en el que romanos, árabes y cristianos han deslizado su impronta.

Este fascinante periplo por el pasado de Zaragoza se inicia de la mano de uno de los pueblos íberos que ocupaban la península (los sedetanos), y que tiene continuación en las crónicas de Plinio, quien en el siglo I a.C. se refería a este asentamiento primigenio como Salduei o Saldaba. No obstante, la verdadera eclosión de la ciudad llegaría en el año 23 o 24 a.C. de la mano del emperador Octavio Augusto, quien confió a sus tres mejores legiones (IV Macedónica, VI Victrix y X Gémina) la fundación de una nueva provincia romana o conventus que sería bautizada como Caesaragusta. En el 452 d.C., y tras décadas de gran agitación social y política, el lugar cayó en manos de los suevos y, poco después, de los visigodos, quienes lo anexionaron al reino de Tolosa en el 466. Ocupada por Muza ibn Nusayr en el 714, fue denominada por los musulmanes como Sarakusta Albaida (o lo que es lo mismo: "la Blanca"). Tras convertirse en la capital de un reino de taifas en 1031, Alfonso I el Batallador la anexionó al reino de Aragón en 1118, convirtiéndola en la capital del mismo en 1136. Después de alcanzar una innegable pujanza durante el medioevo —que se prolongó a comienzos de la Edad Moderna, como evidencian algunos edificios renacentistas de impecable factura—, cayó en declive. En 1706, Felipe V la incluyó en el decreto de Nueva Planta y abolió sus fueros, que se recuperaron rápidamente en 1710. Consagrada como símbolo de la resistencia contra los franceses durante la guerra de la Independencia —en 1808 y 1809 fue escenario de heroicos episodios—, Zaragoza estaba llamada a albergar también parte del legado pictórico de uno de los pintores aragoneses y españoles más universales: Francisco de Goya. Ya en épocas recientes, la Exposición Internacional del 2008, dedicada al agua, certificó la capacidad de la ciudad para proyectarse más allá de las propias fronteras.

A la hora de apuntar sus condiciones climáticas, su ubicación en la depresión del Ebro trae consigo un clima continental semidesértico, marcado por un índice de lluvias más bien escaso (las precipitaciones suelen concentrarse en la primavera). Sus temperaturas pueden alcanzar valores extremos: muy fríos durante el invierno y extremadamente calurosos en verano. Asimismo, durante la temporada invernal y los primeros compases de la primavera, el cierzo sopla con frecuencia en la provincia.

Su poder de atracción como centro turístico, así como su condición de cuarta ciudad española por lo que se refiere a su actividad económica, explica por qué sus infraestructuras de transportes hacen tan sencillo viajar a Zaragoza. De hecho, su estratégica situación a medio camino entre Barcelona y Madrid (le separan unos 300 km de ambas) motiva que muchas líneas de autocar conecten la capital aragonesa con un gran número de ciudades españolas y europeas. Éstos llegan a la Estación Central de Autobuses, ubicada en el número 80 de la avenida de Navarra.

Sin embargo, si el viajero opta por el vehículo privado, podrá acceder fácilmente a Zaragoza desde Barcelona, Madrid, Bilbao, Huesca, Teruel o Valencia mediante autovías y autopistas. Asimismo, resiguiendo la llamada autovía Mudéjar (A-23), se llega hasta las proximidades de Francia.

En cuanto al tren, Zaragoza cuenta desde el 2003 con la línea de alta velocidad (AVE) Madrid-Zaragoza-Lleida, que comunica la ciudad con la capital de España en apenas una hora y media. En el 2008, entró en funcionamiento la extensión hasta Barcelona y, además, se puso en marcha el primer servicio de cercanías de la provincia.

En cualquier caso, si se desea reservar vuelos a Zaragoza, no hay que olvidar que la ciudad también dispone de aeropuerto. Éste se amplió con una nueva terminal en el 2008, con motivo de la Exposición Internacional. En la actualidad, operan cuatro aerolíneas (dos nacionales y dos extranjeras), que conectan permanentemente con nueve destinos internacionales (Londres, París, Bruselas, Dusseldorf, Milán, Bolonia, Roma, Cluj-Napoca y Bucarest) y seis nacionales (Alicante, Palma de Mallorca, Santiago de Compostela, Sevilla, Tenerife y Lanzarote). En verano, también se operan vuelos regulares a Menorca, Gran Canaria, Fuerteventura, Ibiza y Menorca.

Finalmente, a la hora de buscar hoteles en Zaragoza, el viajero no tendrá ningún problema, dado que la ciudad cuenta con un extenso abanico de hoteles, pensiones, hostales y apartamentos adaptados a todos los presupuestos. Sin ir más lejos, es posible disfrutar de una noche de hotel a partir de poco más de 20 euros, aproximadamente.

Por todas estas facilidades, unidas a sus incontables tesoros arquitectónicos y su atractiva gastronomía (con los vinos de la provincia a la cabeza), la capital aragonesa se convierte en un destino obligado para quien quiera disfrutar de una completísima oferta cultural y de ocio junto a la impresionante estampa del Ebro.

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