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Guías de Viajes de Ciudadela

Ciudadela

Mil y una culturas en el Mediterráneo

Ciudadela

Paraíso cercano

Paraíso cercano
Ciudadela se encuentra en el magnífico Archipiélago Balear. En concreto es el municipio situado en el extremo oeste de la isla de Menorca que se posiciona como su segunda ciudad en número de habitantes, alcanzado las aproximadamente 30.000 personas. Esta pequeña ciudad cargada de historia regentó la capitalidad de la isla hasta la ocupación inglesa en 1714. Y es que su situación privilegiada como puerto de escala la convirtió en un punto estratégico del Mediterráneo, así como en un lugar codiciado y deseado por los diferentes pueblos que pasaron por la Isla dejando un legado patrimonial, cultural e histórico tan vasto que hasta historiadores y arqueólogos han considerado que constituye un auténtico museo al aire libre.

Ciudadela ha acogido a tantos y tan diferentes pobladores que de ellos proviene su rica herencia de nombres. Comenzó llamándose Jammona, que significa para los mercantes comerciantes el mar que siempre se encontraba a poniente. Le siguió Nura, Minerva, Iamo, Iamona, Medina, Minurka, hasta que finalmente, en el siglo XIII, con la incorporación de Menorca a la Corona de Alfonso III, es rebautizada con su nombre actual originario del latín civitatella, diminutivo de civitas (ciudad), y en catalán Ciutadella.

Se dice que los orígenes de esta ciudad se remontan a la Edad de Bronce. De esa etapa todavía quedan riquezas monumentales como los sepulcros megalíticos; las sepulturas colectivas llamadas navetas, siendo la más representativa la Naveta des Tudons (monumento funerario único por su tipología); las construcciones en piedra conocidas como los talayots; los singulares monumentos de culto –taula- de los pueblos primitivos, y las características necrópolis constituidas por decenas de cuevas excavadas artificialmente en los acantilados de la costa, como son Calascovas o Cala Morell.

Pero, Ciudadela tiene mucho más que aportar, ya esta ciudad se creó con las costumbres y culturas de los comerciantes cartagineses, del imperialismo romano, la dominación islámica y del cristianismo de la corona de Aragón. Incluso después, Ciudadela, con la isla de Menorca, sufrió incesantes incursiones piráticas, abandonos de gobierno y dominaciones de otros países, como Francia e Inglaterra. Son dos siglos de historia cuyos testigos son las torres inglesas en el puerto de Maó o Fornells, el Fort Marlborough en la cala de San Esteban; el aire noble y eclesiástico de su casco antiguo - declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional- y de su catedral gótica, o el Lazareto y la Fortaleza de Isabel II en la Mola, los dos en el Puerto de Maó. Es a partir de los años ochenta del siglo XX, cuando Ciudadela, junto a las Baleares, se convierte en un lugar privilegiado para el turismo, cuya masiva llegada ha sido sensatamente frenada por la declaración de Reserva de la Biosfera y por la conciencia popular existente por su preservación.

Hoy en día, Ciudadela sigue dando la bienvenida al visitante con aire señorial, pasión, sensualidad y con su excepcional riqueza natural. Y es que en el Puerto de Ciudadela se origina un fenómeno natural conocido como La Rissaga. Se trata de fuertes oscilaciones de mar que suceden en verano, originando espectaculares escenas e incluso devastadoras consecuencias para las embarcaciones. No obstante, Ciudadela se caracteriza por su clima típicamente mediterráneo, de calurosos veranos e inviernos suaves y frescos, que se acompañan, en ocasiones, por los fuertes vientos de oeste.

En definitiva, Ciudadela hace honor de una población cosmopolita y abierta, de un rico patrimonio cultural y artístico y de un paraje natural único. Y si a esto le unes la diversidad de playas que posee, con todos los servicios posibles, vírgenes y en áreas naturales, así como calas y zonas de baños de agua trasparente y cristalina, Ciudadela se convierte en un sitio envidiable para pasar unos días de descanso, ocio y diversión.

Riqueza en playas y monumentos

Riqueza en playas y monumentos

Ciudadela, con 186 metros cuadrados, guarda todo tipo de riquezas: yacimientos arqueológicos, playas y calas de arena blanca, monumentos arquitectónicos señoriales, calles históricas... Un sinfín de lugares con los que el que el turista tiene la oportunidad de disfrutar de la historia, cultura y vida de la ciudad menorquina.

Arqueología
Menorca concentra una de las mayores densidades de yacimientos arqueológicos de España. Unos nacimientos provenientes de la cultura talayótica. Pues Ciudadela es la comunidad que guarda los más famosos núcleos prehispánicos de esta riqueza patrimonial. Un ejemplo de ello se encuentra a ocho kilómetros de la ciudad. Se trata de la Necrópolis de Cala Morell, un conjunto de 14 cuevas picadas de manera artificial en la roca de un barranco que desemboca en la playa de cala Morell. Las cuevas, que en épocas modernas fueron utilizadas como cisternas de agua, muestran estructuras de casas primitivas que incluso podían tener patios, desniveles y columnas que separaban los espacios. De todas, destaca una que todavía conserva motivos arquitectónicos clásicos esculpidos en su fachada de entrada.
Además, la ciudad menorquina protege nada más y nada menos que tres poblados prehistóricos: Son Catlar, Torrellafuda y Torre Trencada, que atesoran sus correspondientes talayots, cisternas de almacenamiento de agua y monumentos monolíticos. El primero es el único de todas las Baleares que conserva íntegramente toda la muralla que lo rodeaba, de 870 metros de recorrido. Un muro también excepcional ya que está construido a través de la técnica ciclópea, consistente en el uso de grandes bloques de piedra colocados y unidos entre ellos sin ningún tipo de mortero. Visitando el Poblado también se tiene la oportunidad de observar la arquitectura románica, ya que contiene seis torres añadidas posteriormente para defender el muro. En cuanto al poblado de Torrellafuda, destaca por su gran belleza paisajística. Se utilizó hasta la época romana y todavía hoy en día conserva el recinto de Taula con sus pilastras, un gran talayot, casas talayóticas y algunas cuevas de enterramiento en sus alrededores. El último de los poblados, Torre Trencada, también mantiene la taula del poblado, caracterizada por disponer de una columna de refuerzo en su parte posterior y algunas sepulturas antropomorfas excavadas en la roca de la época medieval.

Otro sitio a destacar en la ruta arqueológica de Ciudadela es La naveta des Tudons. Se trata de un monumento funerario en el que se realizaban inhumaciones colectivas. Se construyó por la técnica ciclópea, con forma de nave invertida, y de su interior se recuperaron numerosos ajuares de la época pretayatólica: brazaletes, torques, cerámicas, botones de hueso...

Fortificaciones
Por el lugar estratégico de Ciudadela, toda la urbe fue amurallada durante diferentes épocas desde el año 480. Desgraciadamente, las murallas fueron demolidas en 1868, quedando en su recuerdo los Bastiones del Governador y de Sa Font, éste último con unos escudos esculpidos muy erosionados por el paso del tiempo. No obstante, la ciudad menorquina sigue mostrando edificaciones antiguas que datan desde el siglo XVI hasta principios del XX, como sus faros que guardan sus costas, sus torres defensivas o su castillo.
Los faros que siguen en pie en la costa de Ciudadela son el d’Artrutx, Punta Nati y el Sa Farola. El origen del faro de Punta Nati se remonta a las incursiones francesas de 1910. La torre, de 11,5 metros de altura, ha sido rehabilitada para posibilitar un albergue y una sala multifuncional que se utiliza para realizar conferencias o exposiciones. Por su parte, Sa Farola, de 1863, es uno de los pocos faros habitados en la actualidad. Consta de un pequeño habitáculo para el farolero y una torre elevada a 13 metros del suelo. Y, por último, el tercero de los faros es el d'Artrutx que, con sus 35 metros de altura, marca la línea del canal entre Mallorca y Menorca desde 1859.

En cuanto a las torres, nada más y nada menos, cinco defienden la costa de Ciudadela: La Torre den Quartes, uno de los edificios de defensa más característicos de la ciudad que ahora forma parte del conjunto urbano. Se distingue por su planta baja rectangular, cubierta con bóveda de piedra de marès, y por su fachada de piedra y de mortero, reforzada posteriormente con anchos contrafuertes de diversas alturas.
De diferentes estructuras son la Torre Saura, la de Ram y la de Castellar. La primera, que se diferencia por sus ornamentos, es la única que se conserva exenta de cuerpos añadidos. Se trata de una torre de base cuadrada que se alza elegantemente mostrando su decoración basada en junquillos perimetrales, gárgolas y ménsulas. La segunda, Torre del Ram, forma parte de los restos -y añadidos de diferentes épocas- que quedan del circuito de atalayas situados en el norte de la ciudad, desde los que se trasmitían mensajes de alarma de un punto a otro de la isla. Y la tercera, pero no menos importante, es Torre des Castellar, originaría de la dominación británica del siglo XVIII. Formaba parte de un conjunto de 11 torres de defensa, sin embargo Castellar se distinguió de las otras porque fue la única que se construyó siguiendo el modelo de las torres Martello edificadas en Inglaterra para enfrentarse a la amenaza de Napoleón. Lo más singular de este fortín es su sistema de defensa en tierra, constituido por un conjunto de aspilleras inédito en Menorca.

Por último, Ciudadela ofrece a sus turistas la visita al Castillo protegido por la Torre de San Nicolau. Esta torre es la más importante de Ciudadela, y no por sus muros defensivos, sino por su elegante arquitectura. Su estructura está realizada por los ingenieros militares españoles a finales del siglo XVII que, con depurado estilo, construyeron ocho paramentos del cuerpo levantados con piedras de marès y relleno de mortero. Su elemento más característico, que singulariza el castillo y le aporta el contrapunto necesario para hacerlo más esbelto, es la escalera de caracol encastrada en el muro y sobresaliente por encima de la plataforma artillera en forma de tortea.

Iglesias, monumentos y calles
Con la Corona del rey Alfonso III, las mezquitas de Ciudadela se aprovecharon para ser convertidas en iglesias cristianas. Por ello, en la ciudad se reparten numerosos y variados edificios eclesiásticos, testigos del incipiente crecimiento del municipio. Lamentablemente, las invasiones y el desgaste del tiempo han alterado el diseño original de muchas de ellas, exceptuando el de la Catedral.

Santa María de Ciutadella, de estilo gótico catalán, es la Catedral de Ciudadela. Merece la pena visitarla para apreciar el estilo de líneas puras con el que se decora su única nave -sólo superada en anchura por la de Girona- en la que se abren diez capillas. Por otro lado, su torre campanario es de origen árabe, mientras que su exterior muestra el tono severo de las gárgolas y escudos de Aragón y Ciutadella. La Catedral, como otras muchas iglesias, también ha vivido un largo periodo de reformas y modificaciones.

Además de Santa María de Ciudadela, todavía hoy siguen en pie otras iglesias que datan desde el siglo XII hasta el XIX. De las mismas épocas son los palacios y mansiones que llenan de aire burgués las calles del casco antiguo de la ciudad, como es el caso del Palacio Salort que, junto con el del conde de Torre-Saura y su unión con la plaza d'Armes y Born, forma el conjunto urbano de mayor monumentalidad de Ciudadela.
Pero aún más belleza alberga la arquitectura urbana de la ciudad con su Obelisco levantado en memoria de la resistencia de toda la ciudad ante el ataque de la armada turco-francesa en 1558. Esta pirámide, bajo la que se encuentran, según las leyendas, monedas acuñadas del siglo XVI, adorna la Plaça des Born, el centro neurálgico y el corazón de la ciudad en el que se reúnen turistas y nativos para disfrutar de las terrazas dispersas por el lugar. A la plaza dan las fachadas de las casas señoriales de Torre Saura, Salort y Vivó, así como la iglesia de San Francisco, el edificio de correos y el Teatro d'Es Born.

También allí se ubica el antiguo palacio del Gobernador que se reconvirtió en Ayuntamiento, siguiendo el proyecto del arquitecto catalán Enric Sagnier i Villavecchia, en el siglo XX.

Ciudadela es una ciudad pequeña, pero es increíble la riqueza que guarda en todas las formas arquitectónicas posibles. Ejemplo de ello es: el molino de es Comte, uno de los pocos que quedan en Menorca con una base de dos plantas; la plaza del Mercat, única muestra de la arquitectura de hierro del XIX que se ha conservado hasta hoy en Menorca; la Calle de Josep María Quadrado, la más céntrica de la ciudad que se embellece con sus Ses Voltes, los arcos y las bóvedas de piedra de marès que cubren las aceras de la calle blanca y de una pequeña parte de la plaza Nova, o el puerto de Ciutadella, conocido por ser el más hermoso del Mediterráneo que, a pesar de su reducido tamaño, se llena en verano de lujosos yates y de turistas de diversas nacionalidades.

Playas
Ciudadela ofrece al turista diferentes ambientes playeros a través de sus cuatro zonas turísticas, todas provistas de costas. En total, son 21 playas y alguna otra zona de baño: desde playas en zonas urbanas con todo tipo de servicios, ocio y comodidades, playas vírgenes ubicadas en áreas naturales, hasta diferentes calas y zonas de baño ideales con aguas transparentes y cristalinas.

Gastronomía de mundos en un mismo plato

Gastronomía de mundos en un mismo plato
Como en el resto de su cultura, Ciudadela también posee una amplia tradición culinaria compuesta de la riqueza de muchos países y épocas: medieval, islámica, catalana, inspiración francesa... De esta diversidad de cocinas surge la herencia gastronómica de la ciudad menorquina.

Son ricos y variados los platos que aporta Ciudadela, de pescado, marisco y carne; así como, de igual manera se realiza su elaboración: el cuscussó, postres de Navidad de origen árabe; los púding de procedencia británica; la combinación del dulce y del salado que aporta la sobrassada y el queso tierno con miel de romero, o l'oliaigua con higos, emblema de la gastronomía popular.

Así, de una amplísima carta, destacan las sabrosas cocas de albaricoque, l'arengada, los tomates, las cerezas, o platos legendarios como la caldereta de langosta. Mientras que en bebida, Ciudadela se orgullece de su típica ginebra aromática y penetrante. Este especial gin de Ciudadela se toma de dos maneras diferente: añadiéndole un poco de soda y la piel de un limón, ‘pellofa’, que es el aperitivo, o con limonada, ‘pomada’ muy consumida durante las fiestas de Sant Joan de Ciutadella.

Otro plato a destacar de tradición artesana es el queso mahonés, con denominación de origen, uno de los mejor valorados de Europa. Un producto que todavía hoy se elabora al más puro estilo tradicional.
La pastelería y la repostería también son de ‘oro’ en esta ciudad, que se ensalzan justamente en las fiestas populares: greixeres en Carnaval; formatjades por Pascua; buñuelos con miel por Todos los Santos y tortades, turrones y cuscussó en Navidades.

Días de tradiciones y noches de fiesta

Días de tradiciones y noches de fiesta

Como no podía ser de otra manera, Ciutadella está cargada de tradiciones y, por supuestos, éstas son recordadas a través de las fiestas populares. Por eso, en esta ciudad no hay temporada que no se festeje algún momento épico. De todos los festejos que llevan a cabo los ciudadanos ciudatellos, los más destacados, por importancia y por la cantidad de turistas y visitantes que acuden a disfrutar de las actividades que se organizan, son:

La fiesta de Sant Joan, una fiesta conocida en todo el mundo y a la que nadie falta si ya tuvo el placer de disfrutarla en una ocasión. Se celebra en el mes de junio y su protagonista es el caballo de raza menorquina. Se trata de un espectáculo que se remonta al siglo XIV, en el que caballos adornados y engalanados y jinetes vestidos de blanco y negro realizan un ritual de cabriolas entre las calles y la multitud que se concentran a su alrededor. Les siguen los «cavallers», payeses de diversas edades, desde los 7 u 8 años a los más de 70. Durante estas fiestas, las principales plazas de Ciudadela y cualquier rincón de la ciudad se llena de escenarios en los que se realizan espectáculos sin parar durante dos días.

Le sigue en importancia el día de Sant Antoni, que se celebra el 17 de enero. Se trata de la Diada, el día en el que los menorquines glorifican su propia identidad. Para ese festejo, Ciutadella lleva a cabo la Processó dels Tres Tocs, que conmemora la conquista de isla por el rei Anfós. También implica un bello ritual en el que tres regidores vestidos de frac y a caballo, el clérigo y el obispo, realizan un camino hasta llegar a la puerta de Maó para descabalgar y pegar tres golpes en el suelo. Este acto reproduce el momento en el rey Anfós, al llegar a la entrada de la Ciudadela musulmana, dio tres golpes en la puerta con su bandera y la ciudad se rindió.

Pero aún hay más, en los meses de verano las fiestas se suceden sin parar, comenzando por las de Es Mercadal, Fornells y Es Castell que se celebran en junio, para dar paso a los festejos de prácticamente todos los fines de semana de agosto: Es Migjorn Gran, Llucmaçanes, Alaior, Sant Climent, Ferreries, Sant Bartomeu y Sant Lluís. Y, si no has llegado a tiempo, para el mes de septiembre también tienen previstas la de Mare de Déu de Gràcia en Maó.

En fin, que si a la acumulación de fiestas le unes los divertidos mercados tradicionales y callejeros, las actuaciones de música, danza y teatro al aire libre, el variado ocio nocturno que ofrecen las terrazas, restaurante y pubs de sus plazas y su puerto, así como las diversas actividades de deporte, Ciudadela se presenta como el perfecto lugar de vacaciones para cualquier turista deseoso de aprender y disfrutar.

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