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Guías de Viajes de China

China
China

La herencia milenaria del Imperio del Centro

Introducción

Introducción

Resumir en unas pocas líneas las características de un territorio tan rico y complejo desde el punto de vista geográfico, étnico, histórico, administrativo y cultural es, qué duda cabe, una tarea casi imposible. Un auténtico trabajo de chinos, y nunca mejor dicho. Ante esta evidencia, quizás lo más recomendable sea refugiarse en la contundencia de las cifras: con una extensión de 9,5 millones de km2 (similar a la de todo el continente europeo), más de 1.370 millones de habitantes (que representan el 20% de la población mundial), 56 grupos étnicos y una cincuentena de variedades lingüísticas reconocidas (entre ellas el mandarín o putonghuà, idioma oficial del país y lengua habitual de 836 millones de personas), la República Popular China constituye un fascinante mosaico de diversidad que merece ser descubierto y paladeado sin prisas.

La vastísima extensión de sus territorios, que comparten frontera con un total de 14 estados (Afganistán, Bután, Birmania, India, Kazajistán, Kirguistán, Laos, Mongolia, Nepal, Corea del Norte, Pakistán, Rusia, Tayikistán y Vietnam), da paso a una enorme diversidad climática y paisajística. Así, no es de extrañar que en Zhongguó (el nombre en mandarín de China, cuyo traducción sería ‘País del Centro’) confluyan lugares tan dispares como la meseta tibetana y la cordillera del Himalaya, en el sudoeste; el valle de Tarim —que alberga los desiertos de Takla Makan y Dzungaria y los montes de Altái—, en el noroeste; los bosques tropicales de la provincia de Yunnan y la isla de Hainan, en el sur, o los valles del Huan He y del Yanzi, cuyas aguas irrigan buena parte del gigante asiático. Ante tal disparidad, y en un intento de simplificación, se puede afirmar que el país destaca por presentar temperaturas elevadas en el sudeste y el noroeste, moderadas en el noreste y bajas en el suroeste. Paradójicamente, sólo una décima parte del país es apta para la agricultura, aunque este sector siga representando el principal motor económico de un territorio cuyo PIB crece en torno al 10% anual y que está a punto de convertirse en la segunda potencia mundial.

Mención aparte merece su intensa historia y su generoso legado arquitectónico y cultural, derivado no sólo de su diversidad religiosa (dominada por el budismo mahayama, el taoísmo y el confucianismo), sino también diversos milenios de andadura. Su acervo arranca en tiempos de la primera dinastía documentada, la Shang (1600-1046 a.C.), período al que corresponden los textos chinos más antiguos de los que se tiene noticia (ca. 1250). Tras la unificación del país en el año 221 a.C. a manos del primer emperador, Shi Huang Ti (iniciador de la dinastía Qin, término del que procede la palabra ‘China’), se abrió un período de expansión geográfica a manos de la dinastía Han (206 a.C.-221 d.C.), que precedió a un período de desunión de 350 años. La llegada de los Sui al poder permitiría aunar nuevamente los diferentes reinos e iniciar un nuevo período de pujanza durante la dinastía Tang (618-907), a la que siguieron los gobiernos Song (960 a 1279), Yuan (1279-1368), Ming (1368-1643) y Qing (1643-1911). Tras la deposición del último emperador, Pu Yi, y la instauración de la República en 1911, la historia reciente de China ha sido convulsa, especialmente durante la primera mitad del siglo XX, en la que tuvieron lugar la segunda guerra sino-japonesa (1937-1945) y la guerra civil (1946-1949), que culminó con la llegada del Partido Comunista, formación que ya suma más de seis décadas en el poder. La muerte de su líder en 1976, Mao Zedong, y la irrupción del aperturista Deng Xiapoing marcaría el inicio de un extraordinario período de crecimiento que ha convertido a China en una de las protagonistas indiscutibles de la economía y la geopolítica del siglo XXI.

Para visitar el país no se precisa ninguna vacuna, aunque es recomendable la del cólera si se desea acceder a determinadas áreas rurales. El único requisito indispensable es disponer de un pasaporte con una vigencia mínima de seis meses y tramitar el visado. Éste se expide tanto en la Embajada de China en España (C/ Arturo Soria, 142, Madrid) como en el Consulado General (Av. Tibidabo, 34, Barcelona). El visado turístico tiene una validez de un mes natural desde el día de entrada al país, aunque debe utilizarse durante los tres meses posteriores a la fecha de expedición. El plazo de tramitación es de cinco días hábiles, aproximadamente. Aunque el visado ha de solicitarse de manera presencial (ya sea la persona interesada u otra que ésta designe), algunas agencias ofrecen la posibilidad de asumir las gestiones pertinentes.

En la actualidad, es fácil encontrar vuelos a China que enlazan las principales ciudades españolas con Pekín, Hong Kong y Shanghái, haciendo escala en algún aeropuerto europeo (como el de Ámsterdam o Frankfurt). Por lo demás, casi todas las provincias del gigante asiático están perfectamente conectadas por vía aérea, gracias a los numerosos vuelos internos en China. En cuanto a los hoteles en China, el viajero no tendrá ningún problema para encontrar alojamiento, dado que la oferta como la relación calidad-precio resulta bastante atractiva. A su vez, el auge del turismo nacional ha acrecentado la red de establecimientos destinados a ciudadanos chinos de clase media y acomodada. Éstos tienen tarifas más bajas que los hoteles europeos, aunque son igual de confortables y ofrecen una esmerada atención al cliente.

La moneda nacional es el yuan (un euro equivale a unos 8,4 yuans), y puede obtenerse fácilmente en aeropuertos y en los principales hoteles de China.
 

El legado de las grandes dinastías

El legado de las grandes dinastías

Aunque la información que aquí se ofrece es tan sólo una pequeña muestra de los múltiples enclaves de interés que aglutina China, todos ellos destacan por albergar un importante patrimonio cultural o paisajístico. No en vano, todos ellos tienen en la llegada del turismo internacional y nacional (cada vez más numeroso) una de sus principales fuentes de ingresos.

  • Chengdu
Situada al suroeste del país y con una población aproximada de 10 millones de habitantes, Chengdu es la capital de la provincia de Sichuan, una de las principales zonas agrícolas de China. Sin embargo, su fama internacional está ligada principalmente al protagonismo que desempeña en la conservación de uno de los símbolos nacionales del gigante asiático: el oso panda. Desde 1993, el Centro para la Investigación y la Reproducción del Panda Gigante —situado a 10 km del centro urbano— acoge en sus instalaciones 21 pandas gigantes y 20 pandas rojos, así como otras especies que también pueden ser visitadas. Asimismo, Chengdu brinda al recién llegado otros atractivos, tales como el monasterio budista de Wenshu. Documentado en la dinastía Tang, consta de unos 200 edificios que albergan múltiples bajorrelieves y alrededor de 400 imágenes de Buda. A este recinto se suman la cabaña del poeta Du Fu —erigida tras su muerte, acaecida en el año 770, y reconstruida en las dinastías Ming y Qing— el templo del marqués de Wu —del siglo II o III de nuestra era— y la tumba del general Wang Jian, también del período Tang.
  • Datong
Perteneciente en la provincia de Shanxi, esta ciudad fue la capital de la dinastía Wei del Norte (386-533) hasta el año 495. Precisamente, a esta época corresponde su principal polo de atracción turística: las impresionantes grutas de Yungang Shiku (460-525). Se trata de 53 cuevas incluidas en la lista del Patrimonio Mundial en 2001 y que exhiben la friolera de unas 50.000 esculturas budistas.
  • Guilin
El significado que encierra este topónimo (en castellano se traduce como ‘el bosque de laurel’) remite a un pasado más o menos reciente en el que esta ciudad, sita al sur del país, en la Región Autónoma de Guangxi, no pasaba ser una pequeña villa de pescadores. No obstante, la extraordinaria belleza de las colinas que la rodean la han convertido en un destino turístico de primera magnitud. El principal aliciente de Guilin se halla en sus inmediaciones: los fascinantes paisajes que envuelven el río Li. Para admirarlos, se recomienda contratar un crucero, desde el que se pueden contemplar las montañas de formas imposibles que lo circundan. Tras una apacible travesía —excepto en los meses de septiembre y octubre, momento en el que el río se satura de embarcaciones a causa del repunte del turismo nacional—, el viaje finaliza en Yangshuo, una pequeña villa con todos los servicios, incluyendo hoteles y restaurantes. Otras excursiones recomendadas son la visita a alguna aldea habitada por la etnia zhuang (cuyas mujeres poseen las cabelleras más largas del mundo) o un paseo por las áreas agrícolas de la zona, distribuidas en coloridas terrazas. Por lo que respecta al núcleo urbano de Guilin, lo más remarcable son algunas formaciones rocosas como el pico de la Belleza Solitaria o el parque de la Trompa del Elefante.
  • Hangzhou
Esta localidad, cercana a Shanghái y situada al este de China, es la capital de la provincia de Zhejiang, del mismo modo que lo fue de todo el país en tiempos de la dinastía Song del Sur (1127-1279). Actualmente, destaca por los pintorescos mercadillos que salpican la histórica calle de Hefang Jie. Todo ello sin olvidar el llamado lago Oeste, junto al cual crece el famoso té long ching (‘pozo del dragón’) y en que el que se halla el islote de San Tan Yin Yue. El abanico de enclaves singulares lo completan los jardines del Puerto Florido, el monasterio del Alma Escondida y la pagoda de las Seis Armonías, erigida en el año 970.
  • Hong Kong
Tras pasar 99 años bajo dominación británica —a resultas de la derrota de China en las guerras del Opio—, Hong Kong es desde 1997 y junto con Macao una de les dos regiones administrativas especiales del país. La escasez de suelo edificable, producto de su accidentada orografía y de las reducidas dimensiones de sus islas, ha obligado a esta antigua colonia a crecer en vertical, especialmente a partir de los años 70. De ahí que el paisaje urbano de Hong Kong sea un mosaico de interminables rascacielos —cuatro de ellos se encuentran entre los 15 más elevados del planeta— y que el distrito de Kowloon, situado en el área continental de la región, ostente el récord mundial de habitantes por km2. Desde esta zona, y más concretamente desde la avenida de las Estrellas, se puede asistir a un espectáculo de luz y sonido en el que todos los fines de semana participan los edificios más emblemáticos del skyline hongkonés. Convertido en uno de los grandes centros económicos, comerciales y financieros de Asia, el viajero hallará en sus calles una interminable oferta gastronómica y de ocio. Algunos de sus puntos de interés son el Victoria Harbour y la colina Victoria (554 m), desde la que se puede disfrutar de magníficas vistas; la aldea pesquera de Arberdin y la zona comercial de Stainley Market.
  • Luoyang
Situada al este del país, Luoyang (cuya traducción sería ‘ciudad de las peonías’) es una de las localidades más importantes de la provincia de Henan, pero también una de las capitales históricas del gigante asiático. Sin ir más lejos, coincidiendo con la llegada a la zona de los Wei del Norte (a finales del siglo IV o comienzos del V d.C.), empezó a construirse en sus inmediaciones uno de los monumentos más impactantes del país: las grutas de Longmen, declaradas Patrimonio de la Humanidad en el año 2000. Entre sus múltiples cuevas, destacan por su belleza la del Loto y la de los 10.000 Budas, sin olvidar el espectacular Buda de 17 m que preside el complejo, y cuyo rostro podría corresponder a la emperatriz Wu Zetian (625-705), una de las impulsoras del complejo. A su vez, el centro de Luoyang (sito a 12 km de las grutas) también invita a conocer el Museo de los Zhou Orientales —el que se conserva un ejército fosilizado del siglo III a.C.— y el pintoresco recinto amurallado de la Ciudad Vieja, sin olvidar, a unos pocos kilómetros, el templo del Caballo Blanco. Fundado en el siglo I d.C., es el primer recinto budista de la historia de China.  
  • Nankín
Situada al este del país y a 300 km de Shanghái, Nankín es la capital de la provincia de Jiangsu. Tristemente famosa por el cruento asalto de las tropas niponas durante la segunda guerra sino-japonesa (1937-1945), la ciudad también fue el centro político y económico del sur de China a lo largo de más 1.000 años. Su condición de antigua capital imperial la atestiguan monumentos como la tumba del emperador Ming Xiaoling —fundador de la dinastía Ming, la penúltima que gobernó el país—, la muralla de la ciudad antigua o los jardines Xuyuan, erigidos en el siglo XIV, coincidiendo con el inicio de este período. Otro punto de interés es el gigantesco mausoleo de Sun Yat-sen (1866-1925), primer presidente de la República de China y fundador del Partido Nacionalista o Guomindang. Igualmente, es aconsejable acercarse hasta la Greenland Square Zifeng Toser, un imponente rascacielos de 450 m de altura.  
  • Pekín
La traducción de este topónimo (que en castellano significa, ‘capital del norte’) atestigua el importantísimo rol económico, político y cultural que ha desempañado la ciudad desde mediados del siglo XIII, momento en que Kublai Kan decidió trasladar allí su corte. Tras perder su condición de capital del país, el emperador Ming Yongle (1360-1424) la convirtió nuevamente en la principal sede de poder, categoría que ostenta en la actualidad. Fruto de este esplendoroso pasado, Pekín atesora algunos de los enclaves y monumentos más espectaculares y famosos de Asia y del mundo. Entre ellos, destacan por méritos propios la Ciudad Prohibida —residencia de los emperadores Ming y Qing—, el Palacio de Verano —un esplendoroso jardín salpicado de templos, residencias y pabellones—, el templo del Cielo, el parque de Jingshan o la plaza de Tiananmen (la más grande del mundo). A unos 65 km de la ciudad, a su vez, se alzan las famosas tumba imperiales de las dinastías Qing i Ming y, sobre todo, la Gran Muralla, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1987 y designada como una de las Siete Nuevas Maravillas del Mundo en 2007.
  • Pingyao
El casco antiguo de esta fascinante ciudad (su nombre significa ‘pacífica y lejana’), perteneciente a la provincia de Shanxi y situada a unos 200 km de su capital, Taiyuan, constituye un magnífico ejemplo de arquitectura popular tradicional. De hecho, la mayor parte de sus edificios, construidos en tiempos de las dinastías Ming y Qing, se han conservado hasta nuestros días con su apariencia inicial, lo que le ha valido a esta ciudadela amurallada —que hoy cuenta con 40.000 habitantes— ingresar en la lista del Patrimonio Mundial en 1997. Como platos fuertes, Pingyao cuenta con unos 20 edificios acondicionados como museo, que permiten conocer la vida cotidiana de la ciudad en el siglo XIX. Durante esta época la ciudad vivió su época de mayor esplendor gracias al buen funcionamiento de los primeros puestos de cambistas del país: los tong. Asimismo, vale la pena pasearse por sus 6 km de muralla, visitar el cercano monasterio budista de Shuangling Si (a tan sólo 6 km y poseedor de magníficas tallas del siglo XVI) o su gran templo confuciano.
  • Shanghái
Más de 20 millones de habitantes convierten la ciudad costera Shanghái, situada al este del país, en la urbe más poblada de China. Pese a que sus orígenes están documentados desde hace la friolera de 3.000 años, la verdadera pujanza de la ciudad se inició a partir del 1842, momento en que el tratado de Nankín inauguraría el comercio marítimo con las potencias occidentales. Como legado de la fuerte implantación europea y estadounidense en su suelo, el histórico paseo del Bund, junto al río Huangpu y frente al espectacular barrio de Pudong, acoge 24 edificios que son un buen compendio de arquitectura colonial. Otros reclamos turísticos son el Maglev o Transrapid —el único tren de levitación magnética del mundo— y sus rascacielos, entre los que destacan la torre de la Perla de Oriente (de 468 m, considerada como el símbolo de la ciudad), el Jin Mao y el Shanghai World Financial Center, el más elevado del país. Mucho más antiguos son los jardines Yuyuan (1559-1755) o el templo del Buda de Jade o Yufo Si (1882), en el que se conservan notables esculturas birmanas. La inauguración de la Expo Universal de 2010, dedicada al urbanismo del futuro, ha dado el espaldarazo definitivo a una ciudad que sintentiza el potencial económico y comercial de la nueva China.
  • Suzhou
La ciudad ribereña de Suzhou —situada en el curso bajo del Yangzi y en la provincia de Jiangsu— está considerada como una de las más hermosas de China, hasta el punto de formar parte del Patrimonio de la Humanidad (1997, 2000). No en vano, el sobrenombre con el que se la conoce (Ciudad de los Jardines) arroja pistas sobre su encanto especial. Entre sus puntos de atracción, destacan la colina del Tigre (en la que es cree que está enterrado el rey He Lu, fundador de la ciudad), el estanque de la Espada, la pagoda del templo Norte (76 m de altura), una de las antiguas puertas de la ciudad, el pabellón de las Olas Azules —con interesantes muestras escultóricas— y dos jardines: el del Pescador —restaurado en el siglo XVIII, aunque construido en tiempos de la dinastía Song— y el del Administrador Humilde, de la época Ming.
  • Taiwan
Aunque esta isla meridional —regida por un sistema democrático y plenamente integrada en la economía capitalista y de mercado— aspira a ser un país independiente, las amenazas de Pekín, que la considera una provincia rebelde, han puesto freno a cualquier intento de secesión de facto. Pese a su escasa oferta de ocio nocturno de su capital, Taipei, esta urbe ofrece algunos atractivos turísticos remarcables, tales como el edificio Taipei 101 (de 501 m y el más alto del mundo hasta 2010), los memoriales de los líderes nacionalistas Chiang-Kai-shek y Sun Yat-sen, el Museo Nacional —que atesora 650.000 objetos artísticos de la China imperial—, el templo de Longshan, el parque forestal de Da-an o el Parque Nacional de Yangmingshan.
  • Tíbet
Situada en el sudoeste de China, la región autónoma del Tíbet forma parte del gigante asiático desde 1950, momento en que las tropas de Mao tomaron su capital, Lhasa. Esta ciudad es la que alberga los reclamos turísticos más famosos de la zona, especialmente el palacio de Potala, antigua sede del Gobierno tibetano y residencia de invierno del Dalai Lama. Del mismo modo, también merecen una visita los monasterios de Sera y Drepung —este último de inicios del siglo XV y uno de los más grandes del mundo en el pasado— y el templo de Jokhang. Considerado como el principal lugar sagrado de las tierras tibetanas, tiene 1.300 años de antigüedad y posee un Buda de oro macizo realizado durante la época Tang por orden de la princesa Wencheng (?-680). También vale la pena aproximarse hasta la calle de Barkhor, que acoge uno de los flujos de peregrinación (kora) más concurridos de Lhasa, y hasta el Norbuligka, antigua residencia estival del Dalai Lama que se alza en el parque homónimo. Como en el caso de Hong Kong, acceder al Tíbet requiere un visado especial que debe tramitarse en la embajada o consulado de China en España.
  • Xi’an
Capital de la provincia central de Shaanxi, Xi’an (cuyo nombre significa ‘paz occidental’) destaca por albergar uno de los yacimientos arqueológicos más espectaculares del planeta: el Ejército de Terracota. Descubierto en 1974 por cinco agricultores mientras excavaban un pozo, el complejo cuenta con unas 7.000 reproducciones de guerreros, caballos y carros de combate a tamaño natural. Su construcción fue ordenada a finales del siglo III a.C. por el primer emperador de China, Shi Huang Ti, con el propósito de que custodiaran su tumba. Precisamente, la última morada del mandatario se halla muy cerca del complejo arqueológico, aunque permanece cerrada (únicamente se puede subir a la cima de la colina en la que se encuentra el túmulo). Tanto los guerreros como la tumba imperial forman parte del Patrimonio Mundial desde 1987. Otros puntos de interés de Xi’an, esta vez en el centro urbano, son el perímetro amurallado, los restos del poblado neolítico de Banpo (4000-3000 a.C.), la pagoda de la Oca Salvaje (construida en tiempos de la dinastía Tang), las torres del Tambor y de la Campana (ambas del siglo XIV) y su bullicioso barrio musulmán, en el que destaca su mezquita.
  • Zhouzhuang
Esta pequeña villa meridional se alza al sur del río Yangzi, a unos 150 km de Shanghái. Con más de 900 años de historia a sus espaldas, destaca por dar cabida a numerosos ríos y lagos, que contribuyen a configurar la disposición de sus calles y edificios.

 

La gastronomía china: más allá de los tópicos

La gastronomía china: más allá de los tópicos

Dentro del gigante asiático cabe distinguir cuatro escuelas culinarias: la de Pekín, al norte del país; la de Shanghái, al este; la de Cantón, al sur, y la de Sichuán, al oeste, siendo esta última la más proclive al uso de especias y a la obtención de sabores intensos. Sin embargo, todas ellas comparten unas pautas comunes, así como una concepción unitaria acerca del papel de la alimentación en la vida cotidiana. Todo ello sin olvidar el principio taoísta del yin y el yang, que se aplica en todos los alimentos. Por ejemplo, alimentos como el arroz, la zanahoria, la cebolleta, la salsa de soja, el azúcar o la sal (yin) deben combinarse con otros como la carne de cerdo, el vino, la pimienta, el jengibre y las grasas (yang). Tampoco no hay que perder de vista la distinción entre los platos principales (fan) y los secundarios (ts’ai).

En cualquier caso, huelga decir que el menú chino tradicional dista mucho de la estructura occidental: lejos de componerse de un primer plato, un segundo y un postre, está formado por unos cinco o seis platos (cài) a base de carne (ròu), pescado (yú) arroz cocido (mifàn), pasta, queso de soja (tofu) y verduras, de los cuales el comensal se sirve directamente. Pese a que en algunas zonas del país existe una notable tradición repostera, la población china nunca acaba sus ágapes con dulces.

Por el contrario, abundan los alimentos servidos en frío y servidos con salsa (liángbàn), así como otros tantos que constituyen la punta de lanza de la gastronomía china. Entre sus especialidades más emblemáticas —que poco o nada tienen que ver con las que se sirven en los restaurantes chinos instaurados en Occidente—, destacan los jiaozi (empanadillas de carne o verdura, fritas o al vapor), la sopa agripicante (suanlàtang), el estofado con salsa de soja (hóngshao), el pescado en salsa agridulce (tángcùyú) y, sobre todo, el pato al estilo de Pekín, que se come envuelto en panqueques y acompañados con salsa de soja o salsa hoisin. En el marco de la prestigiosa cocina cantonesa (vigente al sur del país), cabe señalar el wonton (empanadillas fritas rellenas de carne), los celebérrimos rollos de primavera —cuyos orígenes se remontan a la dinastía Tang—, el daan far tong (sopa con huevo), el hojan sin taiji (las vieiras salteadas con salsa de ostras), el pollo crujiente, el chop suey (verdura salteada) o el chow mien (tallarines chinos).

Asimismo, los restaurantes de algunas de las principales ciudades chinas —por ejemplo, los del centro comercial de Luoyang— ofrecen una propuesta gastronómica difícil de encontrar en Europa, pese a tener una denominación inglesa: el hot-pot. Este original ágape consiste en ir introduciendo diferentes ingredientes frescos (pescado, setas, tofu o carpaccio) en un gran bol de caldo (un hornillo situado debajo de la mesa lo mantiene caliente en todo momento). Pasados unos segundos, éstos pueden retirarse con los palillos y degustarse por separado, o bien acompañados de salsa o consomé.
 

Festivales, reuniones familiares y ritos de culto a los antepasados

Festivales, reuniones familiares y ritos de culto a los antepasados

A continuación, se exponen por orden cronológico las festividades chinas más señaladas.

  • Año Nuevo chino o fiesta de la Primavera (Chunjie)
Se trata del momento más señalado del calendario. Su llegada paraliza el país durante dos semanas, a lo largo de las cuales buena parte de la población regresa a sus lugares de origen para disfrutar de estas fechas en familia. El Año Nuevo chino coincide con el inicio del primer mes lunar (zheng yuè), que oscila entre el 21 de enero y el 21 de febrero occidentales. Los fastos culminan el día 15 del zheng yuè con la fiesta de los Faroles (Dengjie). Basada en una leyenda que se remonta a la época Han, esta tradición consiste en encender farolillos en los que aparecen impresos algunos acertijos (costumbre que data de la dinastía Song). Aquellos que logran resolverlos reciben a cambio un pequeño obsequio.
  • Día de la diosa Mazu
Esta festividad está especialmente arraigada en Taiwan y en las provincias costeras del sudeste de China —entre ellas, Guangdong, Zhejiang y Fujian—, ya que consiste en rendir culto a la divinidad protectora del mar. Se celebra el día 23 del tercer mes lunar, durante el cual se llevan a cabo representaciones operísticas, teatro de marionetas y espectáculos pirotécnicos. En el caso de Taiwán —donde se alzan unos 300 santuarios en honor de Mazu— se organiza una multitudinaria procesión que, desde el 1730, culmina en el templo templo central de Beigang.
  • Día de los Difuntos o fiesta de la Claridad Brillante (Qingmingjie)
Durante esta jornada —que se celebra en una fecha que oscila entre el 4 y el 6 de abril— la población china rinde culto a sus antepasados mediante diversos ritos. La práctica más frecuente consiste en limpiar y depositar flores y frutas ante la tumba de los ancestros, quemar incienso y efectuar diversas reverencias rituales.
  • Fiesta de las Barcas del Dragón o del Doble Cinco (Duanwujie)
Esta tradición debe su nombre a la fecha en la que se conmemora: el día cinco del quinto mes lunar. Como en el caso del culto a la diosa Mazu, está especialmente ligada a la zona costera de la China continental, Hong Kong y Taiwán, y debe su origen a antiguos ritos vinculados a la fertilidad. Su rasgo más significativo son las carreras de canoas decoradas con imágenes de dragones (long shou). Cada una de ellas da cabida a entre ocho y 20 remeros, dependiendo de su embergadura. Con ello se pretende recordar la muerte del poeta clásico Qu Yuan (340 a.C.-278 a.C.), quien pereció ahogado.
  • Día de los Enamorados (Qixijie)
En contra de lo que pudiera parecer a priori, no se trata de San Valentín, sino de una festividad ligada a la mitología china clásica. Según cuenta la leyenda, el boyero Niulang y la tejedora Zhinü (representados por dos estrellas separadas por la Vía Láctea) se encuentran el séptimo día del séptimo mes lunar, momento en el que tiene lugar el Qixijie. De hecho, éste coincide con lo que en Occidente se conoce como el fenómeno de las Perseidas (o lluvia de estrellas), que se produce anualmente entre el 25 de julio y el 18 de agosto. Pese que antiguamente esta tradición china tenía muchos ritos asociados, éstos prácticamente han desaparecido. En su lugar, los enamorados se intercambian regalos, por lo que la fiesta ha adquirido un carácter comercial idéntico al de nuestro 14 de febrero.
  • Fiesta de los Espíritus (Guijie)
Durante el día 15 del séptimo mes lunar, los fieles visitan los tiempos para realizar ofrendas a los espíritus. Según la leyenda, éste es el momento en el  que el dios de la Tierra desciendo del cielo para ayudar a las almas en pena a proseguir con el ciclo de la reencarnación. Por tanto, a diferencia del Qingmingjie, las ofrendas no son sólo para los seres queridos ya fallecidos, sino para todos los espíritus atormentados a los que haya que contentar y apaciguar.
  • Fiesta de mediados de otoño o de la Luna Llena (Zhongqiujie)
Tiene lugar el día 15 del octavo mes lunar, y está estrechamente ligada a la celebración de la cosecha y del equinoccio de otoño. Actualmente, el hábito más extendido consiste en salir a la calle, ante la propia casa, y degustar junto a la familia y los vecinos las llamadas yue bing (‘galletas de luna’), al tiempo que se admira la luna llena y se expresan en voz alta los deseos de buena fortuna.
  • Víspera de año nuevo (Chuxi)
Consiste en un conjunto de prácticas de limpieza o renovación para empezar el año nuevo con buen pie. Se celebra la víspera del inicio del primer mes lunar (zheng yuè), que oscila entre el 21 de enero y el 21 de febrero. Entre las costumbres asociadas más extendidas, destacan el reparto entre los niños de sobres rojo (hóng bào) que contienen una pequeña cantidad de dinero y que sirven para transmitir buena suerte. Asimismo, la preparación de empanadillas chinas o jiaozi, en la que participan buena parte de los miembros de la familia, también constituye una tradición muy arraigada.

 

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