La magia del Japón feudal

A continuación, se detallan algunos de los principales puntos de atracción turística del país. Sin embargo, la riqueza cultural y paisajística del país ofrece otros muchos rincones que merecen ser descubiertos.
Hakone: Se trata de una ciudad balneario situada en la vieja ruta que unía Edo (hoy Tokio) y Kioto, en el centro de Honshu. Parque Nacional homónimo, en el que destaca el valle de Howakudani. También se le conoce como Valle del Infierno por la cantidad de fumarolas de azufre, ríos de agua termal y manantiales. Asimismo, se puede disfrutar de magníficas vista a los montes Komagatake y Fuji, cuyos 3.776 m lo convierten en la cima más elevada de todo el archipiélago japonés. A su vez, resulta obligado acercarse hasta el lago Ashi, por el que navegan reproducciones de embarcaciones antiguas.
Himeji: Al oeste de la isla de Honshu, sobre una colina, se alza el que quizás sea el castillo feudal más impresionante de los 12 que se conservan en Japón: el Himeji-jo (1609). Entre la población nipona, también es muy conocido como Shirasagi-jo (?la garza blanca?), dado que el color blanco de sus paredes y la forma de los aleros de su tejado les evoca un pájaro a punto de echar a volar. Además del castillo, el recinto fortificado en el que se inscribe ofrece otros puntos de interés, como la Torre de la Vanidad (1597-1667) o su complejo sistema de puertas y pasadizos. En 1993, la UNESCO inscribió este enclave en la lista del Patrimonio Mundial.
Hiroshima: Por desgracia, el interés de Hiroshima no radica en su patrimonio arquitectónico, sino los siniestros acontecimientos acaecidos 6 de agosto de 1945, fecha en la que la ciudad fue víctima del primer ataque nuclear de la historia. El único edificio que sobrevivió a la hecatombe fue el Gembaku Domu o Pabellón de Fomento de la Industria, que se eleva muy cerca del lugar donde estalló la bomba. En 1996, la UNESCO lo incorporó a la Lista del Patrimonio de la Humanidad.
Kamakura: Situada en la zona central de Honshu, la ciudad de Kamakura ostentó la capitalidad del país entre 1185 y 1333. Producto de la importancia adquirida en el pasado, esta urbe alberga en la actualidad 19 templos sintoístas 65 santuarios budistas, que incluyen dos de los edificios zen más antiguos del país (entre ellos el de Hase-dera). Asimismo, la ciudad aglutina numerosas tiendas de artesanía. En primavera, los numerosos cerezos en flor que salpican sus calles se convierten en un reclamo de primer orden para el turismo nacional.
Kioto: Fundada en el año 794, esta antigua capital imperial fue durante siglos el principal centros político, económico y cultural del país. Sin embargo, durante el período Tokugawa (1603-1868) la urbe fue desplazada en importancia por Edo, la futura Tokio. Pese a todo, parte de su esplendor pasado aún cristaliza en algunos de sus numerosos edificios y monumentos. Entre ellos, cabrá reseñar el Castillo de Nijo, que albergó la residencia de los shogunes hasta la caída del feudalismo o bakufu (1868) y que descuella por su elegancia arquitectónica. Otras dos construcciones que bien valen una visita son el Kinkaku-ji (Pabellón de Oro) y el Ginkaku-ji (Pabellón de Plata), erigidos durante el período Muromachi (1336-1573) y declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994. Lo mismo ocurrió con otra construcción emblemática de Kioto: el santuario de Kiyomizu-dera, originario del año 778 y erigido de nuevo en 1633. El abanico de lugares recomendados lo completan el templo To-ji ?poseedor de la pagoda más elevada de Japón?, el santuario Fushimi y su avenida de puertas taoístas (torii), el santuario de Heian ?rodeado por una superficie ajardinada de 30.000 m2? y el histórico distrito de Gion, el barrio de placer por antonomasia en tiempos del shougunato.
Miyajima: Esta preciosa isla se encuentra situada al oeste de Honshu, junto a las costas de Sanyo. Sin duda, su principal atractivo turístico reside un monumental torii de 16 m de altura y construido en el mar (1875), y que da fe que el visitante está pisando suelo sagrado. Es por ello que nadie puede dar a luz o morir en Miyajima. Asimismo, tampoco se permite la tala de árboles. Además del torii, la isla posee otros enclaves de interés, tales como la esbelta pagoda de cinco plantas (1407) que se eleva junto al Senjokaku (o Pabellón de los Mil Tatamis, construido en 1578); el santuario de Isukushima (593), el templo budista de Daisho-in o el monte Misen.
Nara: En el siglo VIII, esta ciudad se convirtió en la primera capital de Japón, dando nombre al período histórico que va del año 710 hasta el 784. Su principal atractivo reside en el templo Todai-ji ?en el que se conserva la imagen del gran Buda Daibutsu?, el santuario sintoísta de Kasuga y el parque de los Ciervos Sagrados. Desde 1998, los monumentos históricos de la antigua Nara forman parte del Patrimonio de la Humanidad.
Nikko: Se trata de un complejo de santuarios y templos sito en la prefectura de Tochigi, en las montañas septentrionales de la isla de Honshu. Éste destaca por su cuidada decoración, a base de tallas policromadas que representan motivos zoomórficos y florales. En 1999, la UNESCO inscribió los templos de Nikko en la lista del Patrimonio Mundial.
Odawara: Esta localidad, a medio camino entre Tokio y Kioto, se ha ganado un puesto en los circuitos turísticos gracias a su espectacular Castillo, construcción que toma su nombre de esta ciudad. El edificio original se erigió con fines defensivos en 1495 ?coincidiendo con la era Muromachi?, pero fue destruido durante el período Meiji (1868-1912). Su reconstrucción se llevó a cabo en 1960.
Osaka: Convertida en una potencia entre la década de los años 20 y 30, el apogeo de esta ciudad se inició con el período Edo, momento en que el daimyo Toyotami HIdeyoshi ordenó construir el célebre Castillo de Osaka (1586), su monumento más definitorio. Sin embargo, la urbe acoge otros muchos atractivos, tales como el Jardín Flotante ?enclave que se puede admirar desde el impresionante mirador que corona el edificio Umeda Sky?; el templo de Shitenno-ji (originario del año 593); el Teatro Nacional de Bunraku (que da cabida a tradicionales representaciones de marionetas); el parque recreativo de Universal Studios y, finalmente, algunos museos de interés, tales como el de Cerámica Oriental, el de Historia de Osaka o el Nacional de Arte.
Sapporo: Situada en Hokkaido, la más septentrional de las cuatro grandes islas de Japón, destaca por su oferta cultural. Entre ella, cabe reseñar el Museo Ainu ?dedicado a una de las minorías étnicas más famosas del norte del archipiélago?, su jardín botánico, el Museo y Jardín de la Cerveza y, sobre todo, la aldea histórica de Hokkaido. Este emplazamiento, situado 14 km al este de la ciudad, conmemora el asentamiento oficial de los primeros moradores de la isla, en la década de 1860. El recinto incluye 60 edificios restaurados de finales del siglo XIX, algunos de los cuales acogen exposiciones temáticas.
Shirakawa-go: Esta localidad llena de encanto ?situada en la costa oeste de Honshu y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995? es famosa por sus casas tradicionales, que se inscriben dentro del llamado estilo Gassho-zukuri, único en todo el país. Asimismo, este pueblo ha logrado preservar unas formas de vida enmarcadas en la economía tradicional, que viene determinada por el medio rural en el que se inscriben.
Takayama: Este pequeño y aislado pueblo de montaña, sito en el centro de Honshu, debe su encanto a la excelente conservación de sus antiguas calles y casas de mercaderes, construidas durante el período Tokugawa. A lo largo de aquellos años la zona constituyó uno de los principales centros de provisión de madera para los shogunes, quienes mantuvieron la villa bajo su control directo. Como edificios princpales, cabe reseñar el Memorial Hirata (un comercio de velas y ungüentos), sus museos (de la Ciudad y Arqueológico) y el templo de Shoren-ji.
Tokio: Sita en la costa oeste de Honshu y con una población de 13 millones de habitantes, Tokio no es sólo la capital del país, sino su principal centro político, económico, financiero y cultural. En este sentido, el rango de atracciones que presenta la capital nipona es ingente, y abarca desde extensos jardines ?sus calles aglutinan más de un centenar, como los de Hama Rikyo o los del Palacio Imperial? hasta notables templos ?por ejemplo, el de Meiji-jingu o Senso-ji?, pasando por zonas imprescindibles, tales como el impactante barrio de Ginza. Para más información, se recomienda consultar la guía de Tokio disponible en esta misma web.
Tsumago: Situado en el valle de Kiso (Honshu central), este pueblo constituye un ejemplo viviente de la arquitectura samuráis. Destacan algunas hospederías frecuentadas en el pasado por esta prestigiosa clase social ?como las llamadas Oyuka, Tsumago-honjin y Kaki-honjin. Del mismo modo, el pueblo posee un notable museo dedicado a la historia local. Y una curiosidad: está terminantemente prohibido circular por sus calles con vehículos a motor.
Yokohama: Esta ciudad, capital de la prefectura de Kanagawa, ha sido reconstruida en dos ocasiones: en 1923, a resultas de un terremoto, y en 1945, tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Entre sus puntos de interés, destacan sus bellos parques urbanos ?como el de Yamashita y Hogeyama?, los jardines Sankei y una nutrida red de teatros.