Ven a descubrir los encantos de la capital tunecina y de sus playas

La capital tunecina concentra buena parte de los atractivos del país, combinando sus aspectos más tradicionales con los elementos más modernos. En ella encontraremos desde los bulliciosos zocos repletos de productos de todo tipo, hasta interesantes edificios históricos o religiosos. Y, por supuesto, algunos de los mejores lugares donde probar la exquisita gastronomía local, que hará las delicias de los viajeros más exigentes.

Para completar esta experiencia, nada mejor que asentarse unos días frente a la extensa zona costera de Túnez, con numerosas playas de gran belleza, para disfrutar del ritmo mediterráneo y relajarse al amparo de las olas del mar.

¡Un viaje perfecto para conocer a tu aire lo mejor del país!

Capital de Túnez y Playas

Día 1: Ciudad de origen - Túnez

Salida con destino a Túnez, llegada y traslado desde el aeropuerto al hotel seleccionado en la ciudad. Resto del día libre. Alojamiento.

Día 2: Túnez

Día libre. Alojamiento.

Día 3: Túnez - Playas de Túnez

A la hora acordada, traslado desde el hotel seleccionado en Túnez hasta el hotel seleccionado en las Playas de Túnez. Resto del día libre. Alojamiento.

Día 4: Playas de Túnez

Día libre. Alojamiento.

Día 5: Playas de Túnez

Día libre. Alojamiento.

Día 6: Playas de Túnez

Día libre. Alojamiento.

Día 7: Playas de Túnez

Día libre. Alojamiento.

Día 8: Playas de Túnez - Ciudad de origen

A la hora acordada, traslado al aeropuerto para tomar el vuelo de regreso a la ciudad de origen. Llegada, fin del viaje y de nuestros servicios.

MEDINA DE TÚNEZ

Ubicada a orillas del mar Mediterráneo, en el norte del Magreb, encontramos la ciudad de Túnez, capital del país. Entre los siglos XII y XVI, cuando estaba dirigida por las dinastías almohades y hafsidas, la ciudad se convirtió en uno de los enclaves más importantes del mundo islámico, y hoy conserva todavía algunos de los monumentos heredados de su glorioso pasado.

De espíritu puramente árabe y mediterráneo, tradicional y moderna al mismo tiempo, la ciudad de Túnez es un lugar muy querido por los viajeros, pues ofrece un sinfín de posibilidades para comenzar a descubrir los mejores alicientes del país. Una de las zonas más bellas y animadas de la capital es la Ville Nouvelle, que se caracteriza por sus espaciosos bulevares y sus elegantes construcciones.

Allí encontramos la Avenida Habib Bourguiba –debe su nombre al célebre primer presidente de la República Tunecina–, una amplia avenida que reúne a su alrededor algunos lugares de interés, como el Teatro Municipal o la Catedral de San Vicente de Paúl. Algo más al Oeste de la avenida se encuentra la Plaza de la Victoria, un peatonal espacio abierto desde donde podremos acceder a la antigua medina, que en 1979 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Siguiendo en dirección Oeste, callejeando por la ciudad antigua de Túnez llegamos a la Plaza del Gobierno, cerca de la cual podremos ver también algunos importantes edificios gubernamentales, así como la adyacente Plaza de la Kasbah, presidida por un enorme y elegante monumento. Allí mismo podremos ver, además, la Mezquita de la Kasbah –reconocible por su gran minarete– y la Mezquita de la Zaytouna –literalmente "del olivo"– que fue erigida a comienzos del siglo VIII y que es la más importante de la ciudad.
Un poco de historia

Para profundizar en la apasionante historia de Túnez , nada mejor que dirigirse al conocido Museo del Bardo , instalado en el hermoso Palacio del Harem del bey Mhammed. A lo largo de sus variados espacios, que nos permiten descubrir la historia del país desde la prehistoria hasta nuestros días , encontraremos colecciones tan interesantes como las que proceden de los yacimientos nacionales, como Cartago o El Jem.

VISITA A LOS ZOCOS DE TÚNEZ

Piérdete por sus callejuelas y descubre su eterno encanto

Descubre la esencia del país adentrándote en uno de los principales lugares de confluencia comercial: los zocos. Esta palabra, de origen árabe, hace referencia a los grandes mercados tradicionales que existen en los países árabes, especialmente establecidos al aire libre.

En ellos se pueden encontrar todos los productos que uno pueda imaginar, desde especias, hierbas aromáticas y jabones, hasta las más variadas artesanías elaboradas en distintos materiales –cuero, madera, telas, etc.–, como alfombras, cerámicas, platería, maletas, babuchas y alimentos de todo tipo.

Buena parte de las principales ciudades disponen de su propio zoco, por lo que merece la pena dedicarles un buen rato para pasear sin prisa entre la infinidad de vendedores que se agrupan en ellos. Es importante tener un buen sentido de la orientación para no perderse entre sus callejones.

Hay que tener en cuenta además que estos mercados son el lugar por antonomasia donde practicar el arte del regateo, por lo que se trata de un excelente lugar donde poner a prueba las habilidades de cada uno para adquirir aquellos productos que se deseen.

El arte del regateo

El regateo es una costumbre milenaria muy arraigada entre los tunecinos desde la llegada de los fenicios a estas tierras. En la interacción entre el comprador y el vendedor se establece una relación que, para los tunecinos, es tan importante como la propia compra en sí misma. Es por ello que no debe entrarse en la dinámica del regateo simplemente para jugar, ni tampoco realizar una compra sin haber regateado previamente, pues podría considerarse ofensivo para el vendedor.

La prisa es enemiga del regateo, pues hay que tomarse con calma este ejercicio y las compras, comparando precios y calidades. Hay que tener en cuenta que los tunecinos son auténticos profesionales del regateo, así que podemos considerar que llegamos a un buen precio al obtener un artículo entre un cuarto y la mitad de su precio inicial.

No hay que desanimarse, pues es habitual que a medida que vayamos conociendo la dinámica vayamos adquiriendo poco a poco más habilidad. Un pequeño truco antes de empezar es tener claro el precio que consideramos adecuado para un producto determinado y empezar a regatear con ese objetivo.

SIDI BOU SAID

La localidad de Sidi Bou Said recibe el nombre de un importante místico sufí del siglo XIII , quien volviendo de su peregrinación a la Meca se estableció en ella. Y no es de extrañar, pues encaramada en lo alto de un acantilado y a pocos kilómetros de las ruinas de Cartago, Sidi Bou Said disfruta de unas vistas privilegiadas sobre el mar Mediterráneo. Desde entonces se convirtió en un importante centro del sufismo tunecino, al que peregrinaban numerosas personas de todo el país.

Aunque ya no hay procesiones hasta su sepulcro, el pueblo conserva todavía el mismo encanto de antaño, con sus calles adoquinadas, sus fachadas encaladas y pintadas y las puertas adornadas con motivos geométricos. Se trata sin duda de un agradable lugar donde permanecer tranquilamente y huir del intenso calor estival.

Antes de que llegaran los artistas extranjeros –quienes le dieron la fama internacional– Sidi Bou Said era ya un importante punto en el que se congregaban numerosos artistas locales. Con la llegada de aquéllos se produjo una fuerte comunión entre ambos estilos, llegando a conformar la denominada École de Tunis –que albergaba a artistas musulmanes, judíos y extranjeros–.

Además de deambular sin rumbo entre sus calles, hay algunos lugares a los que merece la pena acercarse. El más destacado de ellos es Dar Ennejma Ezzahra, el antiguo palacio del barón D'Erlanger, que actualmente acoge la sede del Centro de Música Árabe y del Mediterráneo , así como la mansión Dar El Annabi , donde se exponen algunos objetos familiares y donde se puede gozar de una excelente panorámica de Sidi Bou Said desde su terraza. Finalmente, no hay que perderse elpopular Café des Nattes, el local preferido en los años '20 por los más destacados artistas de vanguardia, ni tampoco el Café Sidi Chabaane, ubicado junto a la zaouía asociada a este músico y poeta.
¿Sabías que...

…fue el barón D'Erlanger quien dotó a esta ciudad de su colorido blanco y azul? Sobre el blanco impoluto de las paredes, contrasta el intenso azul de rejas, puertas y ventanas, siendo este uno de los puntos más distintivos de Sidi Bou Said.

Rodolphe D'Erlanger pertenecía a una adinerada familia de banqueros franceses , pero al visitar Túnez a los dieciséis años quedó prendado de este país y terminó por instalarse en él, cambiando su carrera de banquero por la de pintor. Situó su casa en la ladera de la colina, frente al mar, cuidando de mantener la armonía arquitectónica del lugar –de importante inspiración andalusí–.

Por su condición de erudito musical y su adquisición de numerosos instrumentos y grabaciones de música árabe, su casa se terminó convirtiendo hasta la actualidad en la sede del Centro de Música Árabe y Mediterráneo.

CARTAGO

Asentada sobre una pequeña colina a orillas del Mediterráneo y a pocos kilómetros de la capital tunecina, encontramos la antigua ciudad de Cartago, que hoy forma parte de la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Fundada en el siglo IX a.C. por una colonia fenicia –cuyos descendientes serían conocidos posteriormente como cartagineses–, esta ciudad se convirtió en poco tiempo en el epicentro comercial de la región, llegando a competir directamente con el poderoso Imperio Romano.

A pesar de que el paso de los siglos, las catástrofes naturales y los enfrentamientos bélicos hicieron mella en la estructura de la ciudad, el yacimiento arqueológico que hoy podemos visitar sigue siendo un lugar turístico de referencia en todo Túnez, siendo uno de los lugares más visitados del país. Entre los elementos que se conservan, que cabe recordar que pertenecen al periodo de dominación romana, encontramos lugares como el Teatro de Cartago, que podía acoger a cerca once mil espectadores.

Mención aparte merecen las termas de Antonino, el complejo arqueológico más grande que podemos contemplar aquí, y que en su época de máximo esplendor llegaron a ser de las más grandes de toda el área romana. Situadas muy cerca de la orilla del mar, conservan apenas hoy algunos vestigios de la parte inferior, algunos conductos subterráneos del sistema de agua y restos de los mosaicos decorativos, pero que dan buena cuenta de su belleza y magnitud.

Por último, podemos mencionar el tofet o santuario, que fue erigido por los cartagineses en honor a los dioses Tanit y Baal-Amón , patrones de la ciudad de Cartago. Su casual hallazgo a comienzos del siglo XX y su posterior excavación reveló muchos datos interesantes sobre esta civilización y pudo confirmar las sospechas –aunque hoy sigue habiendo algunas dudas– de que los antiguos cartagineses practicaron los sacrificios humanos como agradecimiento a los dioses.
Un poco de historia

Situada en una estratégica zona elevada frente al Golfo de Túnez , la ciudad de Cartago fue fundada por los fenicios en el siglo IX a.C. Este asentamiento inicial llegó a adquirir tal importancia que llegó a convertirse en una potencia comercial en el Mediterráneo, llegando a poner en jaque los intereses del Imperio Romano.

Tal es así que esta competencia terminó por desencadenar las llamadas Guerras Púnicas, que acabaron con la destrucción total en el siglo II a.C. de la ciudad de Cartago, que entonces se había convertido ya en una de las urbes más desarrolladas de la región.

Fue el famoso emperador romano Julio César quien mandó reconstruir la ciudad, en el año 46 a.C., y a partir de entonces ésta pasó a ordenarse según los cánones urbanísticos romanos. Los restos arqueológicos que hoy podemos contemplar, en su mayoría, pertenecen a este periodo de la historia.

PLAYAS TUNECINAS

Túnez cuenta con un extenso y hermosísimo litoral, repleto de playas magníficas y de calitas recónditas en las que relajarse y saborear la esencia mediterránea. A lo largo de la costa tunecina encontraremos desde pequeños pueblos de pescadores hasta complejos turísticos en los que disfrutar de todas las comodidades. Para complementar la experiencia, en algunas zonas tendremos, además, la posibilidad de realizar diversas actividades acuáticas, como el buceo.

El tramo costero más popular entre los viajeros es, sin duda, el que va desde Hammamet hasta Sfax , que gracias a su orientación hacia el Este es también un lugar maravilloso para contemplar el amanecer. En el interior de esta zona encontraremos, además, lugares tan fascinantes como la antigua medina de Kairouán –declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO– o el colosal anfiteatro de El Djem, uno de los más grandes y mejor conservados del Imperio Romano.

Las playas de Hammamet se encuentran a tan solo una hora de la capital tunecina, por lo que se han convertido en un popular destino de vacaciones veraniegas. A pesar de ello, las playas siguen manteniendo la limpieza de su arena blanca, y cuentan a su alrededor con diversas opciones de alojamiento. Algo más al sur encontramos las playas de Monastir, una localidad que además de sus aguas turquesas ofrece muchas posibilidades de actividades y alojamiento.

Siguiendo en la misma dirección encontraremos las magníficas playas de Madhia, que pueden combinarse con algunas de las construcciones históricas con los que cuenta la ciudad. Y, por último, Sfax, una de las ciudades más importantes del país, cuyo bullicio urbano contrasta con la calma y tranquilidad que se respira en sus playas.
Te interesa saber...

…que más al sur de Sfax se encuentra la conocida isla de Djerba, que además de sus hermosos parajes es conocida por sus estupendas playas. Entre las más destacadas cabe mencionar las de Sidi Mahrez y Esseguia, de gran extensión.

CIUDAD SANTA DE KAIROUÁN

Explora la histórica Medina de Kairouán

La antigua medina de Kairouán disfruta de un bullicio mucho más relajado que el de otras medinas tunecinas, lo que le añade un atractivo especial. Con unas dimensiones muy asequibles para ser recorrida a pie –su parte más ancha mide apenas 1km– está rodeada por una muralla que fue levantada originariamente en el siglo VIII. Destruida posteriormente por los hilalíes en el siglo XI, ésta no fue reconstruía hasta llegado el siglo XVIII, cuando se le añadieron además una veintena de torreones cilíndricos. Durante la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, los alemanes volvieron a abrir una brecha entre sus muros para construir con sus ladrillos una pista de aterrizaje.

El recinto de la medina dispone de cuatro entradas principales, que son: Bab el Shuhada –llamada también "Puerta de los Mártires", construida en el siglo XVIII; Bab el Yedid –"la puerta nueva"–, situada junto a la mezquita El Zeitún; Bab el Jouja, construida también en el siglo XVIII; y Bab Tounis, ubicada cerca de la plaza con el mismo nombre, es la más usada habitualmente para entrar y salir de la medina.

Esta antigua medina es una de las que se encuentran mejor conservadas en Túnez y, además de sus animados zocos –donde pueden encontrarse infinidad de productos–, vale la pena acercarse para conocer el pozo de Bir Barbouta, donde un dromedario con ojos vendados hace girar una noria para sacar el agua, y la zaouía de Sidi Abid El Ghariani, el edificio donde se encuentra el mausoleo de este santo, revestido de bonitos estucados, azulejos de cerámica y techos y puertas de madera tallada. 

De compras por Túnez

Túnez es un lugar idóneo para aquellos amantes de las compras y el regateo, pues en casi todas las localidades existe al menos un zoco donde encontrar infinidad de artesanías –alfombras, orfebrería, objetos tallados en madera, etc.–, ropa y prendas de distintos materiales, alimentos, especias y casi todo lo que uno pueda llegar a imaginar.

Exceptuando el mes de Ramadán, cuando los horarios de tiendas y comercios pueden sufrir importantes cambios con respecto al resto del año, el horario comercial habitual es entre las 8-12h y las 16-19h (en verano) y entre las 8:30-12h y las 15-18h (en invierno).

EL ANFITEARO DE EL DJEM

Conoce el monumento romano más grande de África

Situado en una población de la que recibe el nombre –situada a unos doscientos kilómetros al sureste de la capital tunecina–, el anfiteatro de El Djem es una de las maravillas arquitectónicas del país y se encuentra en un excelente estado de conservación.

Los primeros vestigios arqueológicos de esta ciudad remontan sus orígenes en el siglo III a.C., durante la dominación púnica. Pero no fue hasta el siglo II d.C., cuando esta localidad se posicionó a favor de Roma, lo que le valió la condición de ciudad libre y empezó su camino hacia el esplendor. A mediados del siglo III pasó a ser una colonia romana, llamada Thysdrus, con unos magníficos campos de olivos que le permitieron convertirse en una de las ciudades más ricas de África y albergar una población mucho mayor que la actual. De esta época está datado el anfiteatro que hoy podemos contemplar.

El crecimiento económico progresivo de esta ciudad y de sus alrededores terminaron por provocar una revuelta contra el imperio romano, que fue acallada por las tropas enviadas por el emperador. Se iniciaba entonces un largo periodo de decadencia, que se vio acentuado al convertirse Kairouán en la capital del país, siendo el coliseo el único testigo del esplendor que un día tuvo esta localidad.

El anfiteatro de El Djem ha sido restaurado en dos ocasiones durante el siglo XX y sus enormes dimensiones lo convierten en el monumento romano más grande de África, con aproximadamente 150m. de longitud y 125m. de ancho. Con una capacidad para 35.000 espectadores, este edificio pudo competir en grandeza con otros grandes edificios levantados por el imperio romano, como el famoso Coliseo de Roma.

Un poco de historia

Los romanos arrasaron la ciudad de Cartago en el año 150 a.C., fundando la primera colonia romana fuera de Italia. Ésta abarcaba el noroeste de la actual Túnez y estuvo capitalizada por la localidad de Útica. Los territorios que hasta entonces habían formado parte del dominio cartaginés, a excepción de aquellos que se rindieron ante Roma durante la guerra, tuvieron que pagar un impuesto al imperio.

GASTRONOMÍA TUNECINA

Siendo un país de la cuenca mediterránea, la cocina tunecina usa con frecuencia el aceite de oliva, distintas especias y los tomates, así como los productos provenientes del mar y del ganado –especialmente el cordero–. Debido a su situación geográfica y a su pasado histórico, la gastronomía tunecina tiene gran influencia de la cultura bereber, árabe, turca e italiana.

El plato nacional por excelencia es el cuscús. A pesar de la existencia de cerca de cincuenta variedades distintas –según los ingredientes que lo conforman–, la base de este plato es la sémola de trigo duro, cocida al vapor mediante un recipiente especial. A ésta se la añaden trozos de carne o pescado, distintas verduras y legumbres, acompañado habitualmente por algún tipo de salsa.

Otros platos muy habituales en Túnez son la kamounia, un aromático guiso de carne de hígado de pollo o cordero condimentado con comino y salsa; el brik al huevo, un huevo frito envuelto en una capa fina de hojaldre y servido con un chorrito de limón–; los swaba Fatimah –-"dedos de Fátima"–, finos rollos de hojaldre frito rellenos de carne picada, perejil, huevo y patata; y los tajines, un pastel de huevo con carne y verduras cocido a fuego lento –no debe confundirse con el conocido tajine marroquí.

Tampoco hay que perderse la exquisita repostería tunecina, elaborada habitualmente con miel y frutos secos. De entre la variedad de postres hay que destacar, entre muchos otros, el baklava, la bouza, el makround, los dátiles rellenos y la samsa. Finalmente, no hay que irse del país sin tomarse tranquilamente un delicioso té en cualquiera de sus cafeterías.
Propinas en Túnez

Una arraigada costumbre en Túnez es la de dejar propina por los diversos servicios que se ofrecen, especialmente en los restaurantes y cafés, así como en los hoteles, por lo que puede ser recomendable llevar encima un puñado de monedas sueltas para entregar cuando se considere necesario. Mientras que en las cafeterías un par de monedas suelen ser suficientes, en los restaurantes de más categoría se acostumbra a dejar en torno al 10% del total de la cuenta.

Guía de
Túnez

Con una superficie de unos 165.000km² y una población que supera los diez millones de habitantes, Túnez es el país más pequeño del Magreb y se sitúa entre la cordillera montañosa del Atlas, el mar Mediterráneo y el desierto del Sáhara. Fronterizo con Argelia y Libia, el país está formado por un 40% de extensión desértica y goza de 1.300km de costa. Con un sistema de gobierno republicano y semipresidencialista, el territorio se divide en 24 gobernaciones o wilayat, capitalizadas por la ciudad de Túnez, la localidad más poblada de todas ellas.

El rango de temperaturas oscila entre los 6° y los 34° y pueden distinguirse tres grandes regiones en relación a la climatología. Mientras que en norte, más montañoso, el clima es templado y algo más lluvioso que en el resto del país, en el sur predomina el extremo clima desértico. En la costa, contrariamente, el clima es predominantemente mediterráneo.

Túnez tiene una economía bien diversificada, con predominio de los sectores agrícola, pesquero, minero, energético, turístico y petrolero. Al disponer de unos recursos naturales bastantes limitados, el país estuvo centrado durante décadas en los servicios –principalmente la construcción– y la industria manufacturera, empezando con el desarrollo turístico sólo unas décadas atrás. La agricultura, la pesca y la ganadería, paralelamente, han sido tradicionalmente uno de los principales motores económicos del país, aunque haya sufrido un notable descenso en su actividad durante los últimos años.

La mayoría de la población vive en las zonas rurales, mientras que el resto prácticamente se concentra en la zona norte, donde hay mejores tierras de cultivo. El promedio de vida está en 74 años y, étnicamente, los tunecinos pertenecen a grupos árabes, arabo-bereberes y bereberes, aunque históricamente por estas tierras han llegado también conquistadores fenicios, romanos, musulmanes hispanos, judíos, esclavos negros subsaharianos, turcos, malteses, italianos y franceses. Por lo que respecta al idioma, si bien el árabe es la lengua oficial en Túnez y es hablado por tanto por la inmensa mayoría de la población, el francés es la segunda lengua más común en el país –es vista como lengua comercial– y puede considerarse que la mayoría de tunecinos es bilingüe.

Por otra parte, la gran mayoría de los locales profesan el Islam, en su vertiente suní, aunque hay también una minoría de musulmanes chiíes, judíos y cristianos –mayormente católicos– que habitan en Túnez. A pesar de tratarse por tanto de un país mayoritariamente musulmán, el país ha sido considerado habitualmente como el más laico del mundo árabe desde las reformas del presidente Bourguiba y de Alí.

Dicho todo esto sólo queda descubrirlo en persona y disfrutar de las experiencias que nos ofrece este extraordinario país.

¡No te pierdas esta apasionante experiencia!

Palacio Ennejma Eazzahra
Museos

Túnez cuenta con un buen número de interesantes museos que bien merecen una visita. El más conocido de ellos es el impresionante museo de El Bardo –en Túnez capital–, que cuenta con un interesante recorrido por la historia del país y destaca por sus delicados mosaicos romanos. Está también el Museo Arqueológico de Sousse, que cuenta con la segunda colección más importante de mosaicos romanos, así como el Museo del Patrimonio Tradicional de Djerba, que expone los usos y costumbres locales en relación a la artesanía y la vida cotidiana de los tunecinos.

Por otra parte hay que destacar también el Palacio Ennejma Eazzahra –cerca de Cartago–, un palacio de principios del siglo XX que acoge en la actualidad el Centro de Músicas Árabes y Mediterráneas, y el Museo de Mahdia, que recoge los vestigios arqueológicos del periodo púnico.

Información útil

Preparando el viaje
Documentación necesaria

Para viajar a Túnez, en una estancia que no sobrepase los 90 días, los ciudadanos de la Unión Europea no necesitan visado y sólo se requiere tener el pasaporte con una validez mínima de tres meses a partir de la fecha de llegada. Hay que tener en cuenta, no obstante, que es necesario pagar un sello de salida de 30 dinares tunecinos, que puede adquirirse en hoteles, agencias de viajes, aeropuertos, etc.

Vacunas y salud

No se requiere de ninguna vacunación especial para visitar Túnez.

Es recomendable traer consigo protección solar y algún repelente contra picaduras de insectos, así como algunas pastillas anti-diarreicas. Se recomienda beber siempre agua embotellada y evitar o reducir, en la medida de lo posible, el consumo de verdura cruda.

Ropa y material recomendados

Aunque el clima mediterráneo sea el que predomina en la mayoría del país, las variaciones climáticas entre una u otra región pueden hacer recomendable tener en cuenta algunas cuestiones. En primavera y verano hay que llevar ropa ligera, además de un chubasquero y un suéter para las noches –especialmente en primavera–; para visitar el desierto, incluso en invierno, hay que traer igualmente ropa ligera, mientras que para visitar el norte del país en invierno es necesario traer ropa de abrigo y un chubasquero.

Por otra parte, en cualquier momento del año es importante llevar calzado cómodo, así como también una gorra o sombrero y unas gafas de sol –especialmente para las visitas al desierto, la playa y algunas zonas arqueológicas–. Aquellos que disfruten de las playas no deben olvidarse del bañador, la toalla, ni la crema protectora.

Diferencia horaria

A excepción de los meses que van entre marzo y septiembre –cuando habrá que adelantar una hora los relojes–, Túnez se rige por los mismos horarios que España.

En el destino
Moneda

La moneda oficial tunecina se llama dinar tunecino (DT) y, al no cotizar en el mercado de divisas, no puede adquirirse antes de llegar al país. Aunque el tipo de cambio se fija a diario –puede consultarse en Internet–, para tener una referencia puede decirse que 1DT equivale aproximadamente a 0,5€. Existen billetes de 5, 10, 20 y 30, mientras que las monedas más corrientes son las de 1, 5 y 1/2.

Los bancos y casi todos los grandes hoteles cambian las principales divisas internacionales como el euro y pueden encontrarse cajeros automáticos en las calles principales de las grandes ciudades, las medinas más importantes y en los centros turísticos. Las tarjetas de crédito más usuales se aceptan en los restaurantes y hoteles más turísticos.

Es importante hacer el cambio de divisa en los bancos u oficinas autorizadas, así como guardar los resguardos para poder reconvertir los dinares sobrantes –sólo hasta un 50% del total cambiado– al finalizar el viaje.

Electricidad

La corriente eléctrica en Túnez es de 220V en los edificios más nuevos, mientras que en los antiguos es frecuente el uso de 110V. Si bien las clavijas y los enchufes son iguales que en España, en muchos hoteles se encuentran resguardados dentro de unas cajas de plástico situadas en la pared.

Idioma

La lengua oficial en Túnez es el árabe, hablado por la inmensa mayoría de la población. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que en el país se habla una variante dialectal del árabe clásico, con una pronunciación propia y con palabras adquiridas de las lenguas bereberes y del francés.

El francés es la segunda lengua más común en el país y la mayoría de los tunecinos son bilingües, siendo el país del Magreb donde mejor se habla esta lengua. Por otra parte, el inglés se enseña como lengua extranjera en las escuelas

Propinas, compras y regateo

Aunque no es obligatorio, es una costumbre muy arraigada en Túnez dejar propina por los diversos servicios que se ofrecen, especialmente en los restaurantes y cafeterías. Mientras que en los cafés se suelen dejar un par de monedas, en los restaurantes de más categoría se acostumbra a dejar en torno al 10% del total de la cuenta.

En los zocos y muchos establecimientos es habitual el regateo en la compra de artesanías y souvenirs, pero no tanto en otro tipo de artículos y servicios. Entre las compras más frecuentes están los aceites, las prendas de cuero, las alfombras y las narguiles.

Aduanas

La ley tunecina establece que se permiten introducir libres de impuestos 400 cigarrillos, dos litros de vino, un litro de alcohol, 250ml de perfume, dos cámaras fotográficas y una cámara de vídeo. No hay límite para la importación de divisa extranjera, pero en caso de que ésta supere los 1000 dinares tunecinos habrá que declararlo a la llegada.

Llamadas telefónicas

Para llamar a Túnez desde España hay que marcar el 00 + 216 (prefijo del país) + prefijo provincial (71-78) + número de teléfono. Mientras que para hacerlo desde Túnez a España hay que marcar 00 + 34 + número de teléfono.

Los que traigan consigo su teléfono móvil deberán tener activado el servicio de roaming, y aquellos que dispongan de un móvil liberado pueden plantearse comprar una tarjeta tunecina, que sin duda ofrecerá un servicio mucho más económico. Por otra parte, es fácil encontrar numerosos locutorios desde donde pueden realizarse llamadas internacionales con monedas o bien llamar desde cabinas telefónicas mediante tarjetas de prepago.

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