Un punto y aparte merece Cardona. Su centro histórico fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional por la Generalitat de Catalunya. Debemos recorrerlo sin prisas o, mejor aún, solicitar una visita guiada al Centro Cardona Medieval. Pero lo que llama poderosamente la atención de Cardona son dos lugares elevados que se encuentran un poco a las afueras, bien visibles: el castillo y la montaña de sal.
Empecemos por el segundo. Hoy en día Parque Cultural de la Montaña de Sal, el valle salino de Cardona se explota a cielo abierto desde el Neolítico, y con la introducción de la pólvora, en el siglo XVIII, se pudieron abrir galerías que permitieron obtener más de trescientos kilómetros de túneles. Las minas se abren a las visitas, si bien solo quinientos metros de galerías; son suficientes, sin embargo, para hacernos una idea de la magia del lugar, especialmente en la sala bautizada como la Capilla Sixtina, donde se han formado múltiples estalactitas por la sal. En cuanto al castillo de Cardona, la fortaleza impone su presencia y domina el territorio. Parcialmente convertido en parador de turismo, algunos de sus espacios sí se pueden visitar libremente, como el patio ducal, el claustro o la cilíndrica torre de La Minyona, desde la que se obtienen panorámicas, simplemente, sensacionales. Forma parte del recinto la colegiata de Sant Vicenç, uno de los monumentos del románico más importantes de Cataluña, en un espléndido estado de conservación. Historia y patrimonio de gran relevancia confluyen en esta cumbre de El Bages.