Naturaleza en estado puro, paisajes de enigmáticos contrastes, atractivos mundos submarinos y volcánicos, tierras agrestes, oasis de palmeras, más de 200 kilómetros de costa de fina arena blanca, dorada y negra, un clima privilegiado… La belleza de Lanzarote da para mucho. Reserva de Biosfera por la Unesco, la isla armoniza como nadie modernos y bulliciosos enclaves turísticos con pequeños pueblos de casitas blancas, zonas casi vírgenes y paisajes de película.
Lanzarote es un capricho de la naturaleza, moldeado con gracia por un pasado volcánico y la acertada mano del hombre. Hoy es imposible imaginarse esta isla sin la genialidad creadora de César Manrique, uno de sus hijos más internacionales. La vida se desarrolla con calma, ajena a tediosos problemas mundanos. Sobresale la lunática imagen del Parque Nacional de Timanfaya, los Jameos del Agua, la Cueva de los Verdes, el Mirador del Río... Para sibaritas, su excelente gastronomía y sus vinos. Tierra de historia y tradición, son muchos los artistas que la visitan en busca de la inspiración perdida. Eso sí, uno siempre corre el riesgo de querer quedarse, como ya lo hizo el escritor José Saramago.