En el corazón de Europa
¡Ha llegado el día! Haz el check-in y sal a la calle. A Bruselas hay que patearla, desde el momento que pongas un pie en la calle te sentirás invadido por la originalidad de esta ciudad atípica.
Dirígete a la Grand Place, una de las plazas más bonitas del mundo y el lugar más concurrido de la ciudad. Se trata de una plaza adoquinada rodeada de imponentes edificios que guardan en su interior una buena parte de la historia belga. Sorprenderte al entrar por primera vez en esta plaza es una experiencia única que no podrás olvidar.
Cerca de aquí se encuentra el Manneken Pis, el niño meón. Aunque existen muchas leyendas, no se sabe cuál es el origen de esta estatua de bronce que con apenas 65 cm de altura se ha coronado como el símbolo indiscutible de la ciudad. El Manneken Pis tiene un repertorio de trajes de lo más variopinto: de torero, de vampiro, de Elvis, etc., que utiliza durante 130 días al año. Podrás verlos en una exposición en La Maison du Roi (entrada no incluida), uno de los edificios de la Grand Place.
Al otro lado de la plaza se encuentran las Galerías Saint Hubert. Se construyeron a mediados del siglo XIX y fueron pioneras de este en Europa. Su bóveda de cristal deja traspasar la luz al interior lleno de tiendas exclusivas, coquetas cafeterías y chocolaterías históricas.
Si es la hora de comer, te recomendamos Chez León. Un pintoresco restaurante donde disfrutar de los sabores más típicos de Bruselas: mejillones con patatas acompañados de una cervezas belga.
Por la tarde, visita el barrio con más encanto, Le Sablon. Estrechas calles repletas de galerías de arte, tiendas de antigüedades, librerías históricas, y chocolateros artesanos. Todo gira alrededor de Notre Dame du Sablon, una joya del gótico brabantino ubicada en la Place du Grand Sablon. En esta plaza suele haber mercadillos artesanales, de antigüedades o de libros, además, alrededor hay numerosos bares y cafeterías con el mejor ambiente.
Muy cerca, podrás encontrar la Place du Petit Sablon. Un bonito y tranquilo jardín con 48 estatuas que representan los antiguos oficios belgas. Ten unos minutos para sentarte y disfrutar de la calma que transmite este pequeño rincón.
Y por último, el Palacio de Justicia. Uno de los edificios más grandes de Europa que se puede ver casi desde cualquier punto de la ciudad. Pero lo que más impresiona son las vistas panorámicas desde la Plaza Polaert. Prepara la cámara y captura este momento.
¿Para cenar? Acércate a Skievelat cerca de la Place du Grand Sablon. Encontrarás deliciosos platos belgas, cerveza para acompañar y un ambiente agradable. ¡Hasta mañana!