
Lo más positivo es todo, no diría que es una ubicación perfecta, pero estando allí da exactamente igual. Nos alojamos de martes a domingo, y ha sido una experiencia realmente buena. Hasta el viernes el spa fue una maravilla, casi no había gente, todo para nosotros... eso sí, el viernes cambió la historia, y para entrar al jacuzzi había que hacer cola.
Estuvimos en habitación ejecutiva , y es también muy recomendable. La planta M a la que teníamos acceso tampoco defraudó: refrescos, vinos, zumos, agua... y para comer patatas, cacahuetes, y pinchos variados (paté, salmón, salami...). El desayuno también lo hacíamos allí y sin pegas. Si vuelvo a Budapest (ciudad que también recomiendo sin dudar) intentaré volver al Corinthia... En recepción había una chica muy maja que hablaba castellano.

El desayuno en la planta ejecutiva era pequeño y muy cómodo, pero era menos variado que el desayuno general, sobre todo la parte de la cocina en directo. Así que a los que les guste desayunar tortillas, revueltos y demás recomiendo en lugar de usar el desayuno de la planta ejecutiva utilizar el otro.
El taxi de ida desde el aeropuerto al hotel nos cobraron 5.100 florines (unos 16 euros); pero para la vuelta preguntamos en recepción y nos dijeron que había dos opciones: o nos buscábamos la vida llamando nosotros al taxi que queramos o usábamos su servicio, que eran 6.900 florines (24 euros), creo que fue un poco excesivo.