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Paraná, en el sur de Brasil, es un destino lleno de contrastes tanto naturales como culturales, así como paisajísticos. Sus diferentes regiones ofrecen experiencias de lo más variadas y complementarias, perfectas tanto para quienes buscan aventura, como para los que prefieren el descanso en entornos tranquilos. Desde la imponente fuerza de las Cataratas del Iguazú, rodeadas de exuberante selva tropical, hasta la arquitectura sostenible y el carácter innovador de Curitiba, cada uno de los rincones de este estado sorprende.
El viaje se enriquece con el trayecto en tren por la Serra do Mar, una de las rutas ferroviarias más espectaculares de Sudamérica, que conecta Curitiba con el encantador pueblo colonial de Morretes, donde la gastronomía tradicional tiene un papel protagonista.
Para quienes sueñan con una escapada entre playas vírgenes y ritmo pausado, Ilha do Mel ofrece paisajes de postal: desde la Gruta das Encantadas hasta el Farol das Conchas, sin olvidar la extensa Praia Grande. Otro lugar que merece una mención especial es el Parque Estadual de Vila Velha que destaca por sus formaciones rocosas milenarias que dibujan un paisaje único.
Un destino versátil, completo y con una oferta que combina naturaleza, cultura y relax.

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Paraná despliega un espectáculo natural imponente con sus Cataratas del Iguazú, una de las maravillas naturales del mundo. En este enclave fronterizo, donde Brasil y Argentina comparten un paisaje de ensueño, se suceden más de 275 saltos de agua —algunos de hasta 80 m de altura—, todos enmarcados por la selva subtropical.
Una de las experiencias más impresionantes que te brinda este lugar, es caminar por pasarelas que se adentran casi hasta el borde de la Garganta del Diablo. Este es el salto más espectacular, se trata de un cañón de 80 m de profundidad con 80–90 m de ancho, por el que cae el mayor caudal del río. El estruendo atronador y la nube de bruma lo convierten en algo único.
Este conjunto natural alberga una rica biodiversidad, con más de 400 especies de aves, mamíferos y reptiles, y se encuentra muy cerca de la ciudad de Foz de Iguazú. Esta localidad puede ser el punto perfecto para explorar esta región, pues cuenta con una variada oferta hotelera y gastronómica, así como con verdaderos puntos de interés como el Parque de las Aves y la monumental represa de Itaipú. Además, ofrece una animada vida nocturna, actividades ecoturísticas y la estratégica ubicación de localizarse en la triple frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay.

Capital del estado de Paraná, Curitiba es una de las ciudades más sostenibles y organizadas de Brasil, y un ejemplo de planificación urbana a nivel mundial. Moderna, accesible y rodeada de naturaleza, es perfecta para quienes buscan descubrir una gran ciudad sin renunciar al entorno verde y a un ritmo de vida más tranquilo.
Uno de sus grandes iconos es el Jardín Botánico, con su invernadero de cristal rodeado de jardines geométricos que invitan al paseo y a la desconexión. Pero Curitiba es verde más allá de sus parques, ya que cuenta con una extensa red de transporte público eficiente y apuesta por la movilidad sostenible, el reciclaje y la recuperación de espacios naturales.
Arquitectura contemporánea, diseño urbano y cultura se mezclan en espacios como la Ópera de Arame, construida en hierro y vidrio sobre un lago, o el Museo Oscar Niemeyer, de formas vanguardistas. Y para quienes disfrutan del buen comer, el barrio de Santa Felicidade ofrece lo mejor de la herencia gastronómica italiana.
Curitiba es una ciudad que mira al futuro sin perder su identidaddestino perfecto para los viajeros que valoran el equilibrio entre innovación, sostenibilidad y calidad de vida.

El trayecto en tren entre Curitiba y Morretes es mucho más que un simple desplazamiento, es una de las experiencias paisajísticas más memorables de Brasil. A bordo del Serra Verde Express, el viaje atraviesa la exuberante Serra do Mar, una de las regiones de selva atlántica mejor conservadas del país, declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO.
Durante las casi cuatro horas de recorrido, el tren serpentea por la Serra do Mar, atravesando montañas como la Serra da Graciosa, cubiertas de vegetación tropical, puentes vertiginosos como el Viaduto do Carvalho y túneles centenarios, ofreciendo vistas espectaculares de cañones, cascadas y valles profundos. Todo ello acompañado por explicaciones históricas y culturales que enriquecen la experiencia.
Este trayecto es ideal para quienes disfrutan del turismo tranquilo, fotográfico y en contacto con la naturaleza. Además, al llegar a Morretes, el viaje continúa con una inmersión en la historia y la tradición: calles empedradas, arquitectura colonial y una gastronomía que tiene como estrella el tradicional barreado, un guiso local cocinado a fuego lento.
Tomar este tren es viajar en el tiempo, conectar con el entorno y disfrutar del trayecto tanto como del destino. Una forma diferente de descubrir el corazón verde de Paraná.

Tras un trayecto inolvidable en tren por la Serra do Mar, Morretes te recibe con una atmósfera tranquila y encantadora. Situado a orillas del río Nhundiaquara, este pequeño pueblo colonial parece detenido en el tiempo con sus casas de colores y balcones de madera que reflejan la arquitectura típica de los siglos XVIII y XIX, cuando la región florecía gracias al comercio del oro y otros productos del interior de Paraná.
El centro histórico invita a pasear sin prisas por calles empedradas, descubrir iglesias centenarias como la de São Benedito y disfrutar del ambiente relajado que caracteriza a este rincón del litoral paranaense. Morretes es también un destino con fuerte identidad cultural, donde la naturaleza y la historia conviven en armonía.
Pero si hay algo que hace famosa a esta localidad es su gastronomía. El plato estrella es el barreado, una receta tradicional cocinada lentamente en olla de barro durante horas, a base de carne, especias y harina de mandioca. Se sirve acompañado de plátano y arroz, y es todo un símbolo de la cocina local.
Esta ciudad representa el alma de Paraná con sus sabores tradicionales, paisajes verdes y un legado histórico que respira en cada rincón.

La gastronomía de Paraná es un reflejo de su diversidad cultural, geográfica e histórica. Con influencias indígenas, europeas —especialmente portuguesas, italianas, polacas y alemanas— y africanas, la cocina paranaense ofrece sabores intensos de platos con productos de gran calidad.
Uno de los referentes culinarios del estado es el tradicional barreado, originario de la región costera y especialmente popular en Morretes y Antonina. Esta receta se trata de un guiso de carne cocido lentamente en una olla de barro sellada con harina de mandioca, que se acompaña con arroz, plátano frito y naranja. Es mucho más que un plato: es una experiencia cultural.
Pero Paraná no se detiene ahí. En Curitiba, por ejemplo, conviven propuestas de alta cocina con mercados locales donde se pueden probar especialidades como pierogi (empanadillas de origen polaco), chucrut con embutidos o panes y dulces típicos de influencia alemana. La mandioca, el maíz y los pescados de río también tienen un lugar destacado en la cocina del interior. Además, la región se está posicionando como un polo gastronómico innovador, con chefs que reinterpretan recetas tradicionales utilizando ingredientes locales y técnicas sostenibles.

Uno de los destinos más destacados de la costa de Paraná es Ilha do Mel, un lugar ideal para quienes buscan desconectar del ritmo urbano y reconectar con la naturaleza en su estado más puro. Esta isla, declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO, destaca por su estilo de vida tranquilo, sin coches, sin prisas y con un profundo respeto por el entorno.
Una de las mejores maneras de llegar es cogiendo un barco desde Paranaguá o Pontal do Sul en un trayecto que dura entre 30 minutos y una hora, dependiendo del punto de salida. Una vez en la isla, se puede recorrer a pie por senderos de arena que conectan sus playas con puntos de interés.
Entre sus imprescindibles están la Gruta das Encantadas, una cueva junto al mar rodeada de leyendas; el Farol das Conchas, desde donde se obtienen vistas panorámicas impresionantes; y la Praia Grande, perfecta para quienes buscan sol y surf. Por su parte la Fortaleza de Nossa Senhora dos Prazeres añade un toque histórico con su arquitectura militar del siglo XVIII.
Ilha do Mel es un destino que invita a la calma, a caminar descalzo, a ver atardeceres sin distracciones y a vivir el viaje con otro ritmo.

El Parque Estadual de Vila Velha, ubicado cerca de Ponta Grossa y a unos 100 km de Curitiba, es una joya geológica del sur de Brasil. Declarado Patrimonio Histórico y Artístico en 1966, este mágico lugar reúne esculturas naturales de arenito formadas durante más de 340 millones de años.
El recorrido permite explorar tres zonas principales: Primero, los Arenitos, gigantescas formaciones rocosas que evocan castillos, copas, camellos o esfinges. La famosa “Taça” (Copa) es el icono del parque. Luego, las Furnas: profundas grietas o cráteres verticales de hasta 100 m, algunos con agua cristalina en el fondo. Y, finalmente, la Lagoa Dourada, un espejo de agua que adquiere un color dorado al atardecer.
El parque ofrece senderos accesibles —la ruta completa tiene unos 2,7 km—, guías locales, actividades de ecoturismo como tirolina, recorridos entre las copas de los árboles, cicloturismo, senderismo nocturno e incluso paseos en globo.
Además cuenta con una gran biodiversidad donde destacan los bosques de araucarias y las formaciones rocosas cubiertas de matorral. En estos ecosistemas viven numerosas especies animales, desde aves en peligro de extinción hasta mamíferos tan emblemáticos como el lobo de crin.
El Parque Estadual de Vila Velha es el lugar ideal para los amantes de la naturaleza, la geología y las actividades al aire libre.

Llegar a Paraná desde España y Europa es sencillo gracias a las múltiples conexiones aéreas con Brasil. Aunque el estado de Paraná no cuenta con vuelos directos desde Europa, la ciudad de Curitiba está bien conectada con los principales aeropuertos del país.
La opción más habitual es volar desde Madrid o Barcelona a São Paulo o Río de Janeiro, dos de los principales hubs internacionales de Brasil. Desde allí, se puede coger un vuelo interno directo a Curitiba, con una duración aproximada de 1 hora desde São Paulo y unas 2 horas desde Río.
Las aerolíneas más utilizadas para estos trayectos suelen ser LATAM, Gol o Azul, que ofrecen múltiples frecuencias diarias. También existen vuelos con escala desde otras ciudades europeas como Lisboa, París, Ámsterdam o Frankfurt, operados por aerolíneas como TAP Air Portugal, Air France o Lufthansa.
Una vez en Curitiba, es fácil desplazarse por todo el estado, ya sea en coche de alquiler, autobús o combinando medios como tren y barco para acceder a destinos como Morretes o Ilha do Mel. Paraná es un punto de partida ideal para explorar el sur de Brasil de forma cómoda y segura.

En Paraná, al igual que en el resto de Brasil, el idioma oficial es el portugués. Sin embargo, debido a la diversidad cultural del estado —con fuertes influencias alemanas, italianas, ucranianas y japonesas—, en algunas regiones también se pueden escuchar dialectos o acentos particulares que reflejan este mestizaje. Aun así, el portugués brasileño es el idioma predominante en todos los contextos, desde el comercio hasta la vida cotidiana.
Para los viajeros hispanohablantes, entenderse en Paraná suele ser relativamente fácil, ya que muchas palabras se parecen y la gente local es, por lo general, muy abierta y dispuesta a ayudar. En zonas turísticas o establecimientos orientados al visitante, es común encontrar personas que hablan algo de español o inglés básico.
En cuanto a la moneda, la divisa oficial es el real brasileño (BRL). Es recomendable llevar algo de efectivo para pequeñas compras, especialmente en zonas más rurales o costeras como Ilha do Mel, aunque la mayoría de comercios, restaurantes y alojamientos aceptan tarjetas de crédito. También hay cajeros automáticos en las principales ciudades y aeropuertos. Para un cambio favorable, lo mejor es cambiar euros a reales en bancos o casas de cambio autorizadas una vez en Brasil.

Para viajar a Paraná desde España o el resto de la Unión Europea, no se necesita visado para estancias turísticas inferiores a 90 días. Basta con contar con un pasaporte en vigor, con al menos seis meses de validez desde la fecha de entrada al país.
A la llegada, las autoridades migratorias pueden solicitar mostrar billete de ida y vuelta, prueba de alojamiento (como reservas de hotel) y medios económicos suficientes para cubrir la estancia. Aunque no es obligatorio, se recomienda viajar con un seguro médico de viaje, ya que la sanidad pública en Brasil no siempre está disponible para turistas y la atención privada puede resultar costosa.
Para menores de edad que viajan solos o con un solo progenitor, es aconsejable llevar una autorización de viaje firmada por ambos padres o tutores legales, preferiblemente traducida al portugués o al inglés.
No se requieren vacunas específicas para entrar en Brasil desde Europa, aunque en algunas zonas del país se recomienda la vacuna contra la fiebre amarilla. En el caso concreto de Paraná, no es una exigencia habitual, pero conviene consultar con antelación en el centro de vacunación internacional más cercano.

Moverse por Paraná es cómodo y accesible gracias a su buena red de transportes y a la variedad de paisajes que invitan a combinar distintos medios de viaje. La forma más flexible de recorrer el estado es en coche de alquiler, ideal para quienes quieren explorar a su ritmo ciudades, pueblos y zonas naturales. Las carreteras principales están en buen estado, aunque algunas rutas secundarias pueden ser más irregulares.
También existe una amplia red de autobuses interurbanos, que conectan Curitiba con destinos como Foz do Iguaçu, Morretes, Ponta Grossa o Paranaguá. Las estaciones suelen ser modernas y bien organizadas, y los trayectos, seguros y puntuales.
Para una experiencia única, no hay que perderse el tren turístico Serra Verde Express, que une Curitiba y Morretes cruzando la espectacular Serra do Mar. En las zonas costeras o insulares, como Ilha do Mel, el acceso se hace en barco desde Paranaguá o Pontal do Sul , y una vez allí, los desplazamientos son a pie, ya que no se permite el uso de vehículos. En Curitiba, moverse es especialmente fácil gracias a su sistema de transporte urbano, reconocido por su eficiencia y sostenibilidad. Autobuses rápidos (BRT), carriles exclusivos y paradas modernas facilitan el desplazamiento dentro de la ciudad.
Consulta la previsión meteorológica del país
El clima en Paraná es mayoritariamente templado y húmedo, con estaciones bien marcadas y lluvias repartidas a lo largo del año. En general, los veranos (de diciembre a marzo) son cálidos y húmedos, con temperaturas que pueden superar los 30 °C, especialmente en el interior y la región norte del estado. En cambio, los inviernos (de junio a septiembre) son frescos e incluso fríos en zonas de mayor altitud como Curitiba, donde las mínimas pueden bajar de los 10 °C, aunque rara vez hiela.
En la costa, como en Ilha do Mel o Pontal do Paraná, el clima es más suave y húmedo, con temperaturas agradables durante casi todo el año. En cambio, la región de Foz do Iguaçu, más al oeste, tiende a ser más calurosa y con un régimen de lluvias más marcado en verano.
La mejor época para visitar Paraná depende del tipo de viaje, pero la primavera y el otoño ofrecen temperaturas agradables y menos lluvias.